julio 25, 2011

Infidelidad

Hablar de infidelidad es un poco complicado. En particular porque es un tema lleno de prejuicios, fibras sensibles y bastante mierda cultural. Mi intención no es ser controversial ni desatar interminables discusiones y guerras de egos. Aquí sólo expongo mis ideas, observaciones y teorías. ¿Todo bien? Pues a lo que vamos.

Tengo una pequeña teoría. La hipótesis es simple:

La principal causa de la infidelidad (tanto en hombres como en mujeres) es la insatisfacción personal.
Bueno, pero ¿eso qué quiere decir, específicamente?

Cuando una persona engaña a su pareja, virtualmente siempre lo hace porque esta pareja no lo está llenando completamente en cualquiera de los aspectos que necesita la persona.

Probablemente muchos de los que lean esto digan "no, no es así de simple, la cosa es más complicada que eso". Pero mi opinión es que no. La clave es que esto es el punto de partida. La causa. La raíz del problema. A partir de ahí se abre toda una gama de consideraciones, consecuencias y complicaciones. Y la solución es atacar la enfermedad, no el síntoma.

Por supuesto, el dilema más común es saber a quién echarle la culpa.

En ocasiones es fácil. Es el infiel quien no tiene la disciplina, el interés, el respeto o el carácter para encontrar esa satisfacción justo donde podría (y debería) buscarla. (Eso de "la carne es débil" es una excusa fácil, patética y mediocre.) Quien engaña al final siempre lo hace por decisión personal.

Pero muchas veces la persona engañada también llega a tener una parte considerable de la culpa. Por negligencia, egoísmo o darle más prioridad a otras partes de su vida, dejan de esforzarse por satisfacer a su pareja. Y lógicamente ésta terminará por cansarse, y probablemente por ello buscará aquello que necesita (y no le están dando) en otra parte. (Y ya ni hablemos de las personas que sencillamente aceptan el engaño, se hacen de la vista gorda y hasta se resignan como si de lo más normal e inevitable se tratara.)

Claro, también hay los que engañan por razones más prácticas, como obtener beneficios especiales en ámbitos particulares de su vida (como por ejemplo en el trabajo). Y los que lo hacen por meras razones emocionales (por ejemplo para "vengarse" de alguna situación desagradable con su pareja).

Un detalle importante que hay que aclarar. La gravedad y la trascendencia del engaño no necesariamente serían las mismas si se trata de un encuentro casual, único e impulsivo, que si se trata por ejemplo de mantener una relación de larga duración y otro tipo de vínculos mucho más intencionales y profundos. Pero a fin de cuentas la mecánica es la misma. "No tengo lo que necesito y deseo, así que lo busco en otro lado diferente."

Ahora, como este es mi blog y no hay nada que puedan hacer para evitarlo, les daré mi postura "oficial" sobre el tema.

Yo soy un hombre totalmente fiel. Cuando estoy en una relación y me siento verdaderamente comprometido con la persona, no me cabe en la cabeza siquiera la idea de engañarla. De hecho, mi tendencia es a interesarme por una chica de forma exclusiva y sin que me nazca considerar a otras personas al mismo tiempo.

Nunca en la vida he engañado a ninguna pareja (ni tengo la menor intención de hacerlo nunca).

Mis razones para no hacerlo son varias, llendo desde las prácticas (no me gusta mentir, y engañar a alguien implica tener que estar al pendiente de una creciente red de mentiras, engaños, excusas y justificaciones), pasando por mis principios y valores ("no hagas a otros lo que no quieras que te hagan a ti"), ideologías y filosofía de vida (mi intolerancia a la mediocridad me impide continuar una relación que sencillamente no está funcionando, y buscar cubrir mis necesidades en otro lado) e incluso llegando a aspectos relacionados con mi carácter y naturaleza (¿sabían ustedes que los lobos son de los pocos seres vivos en este planeta que son complétamente monógamos?).

Quizá pueda sonar un poco egoísta, pero básicamente ése es mi código de honor. Casi pudiéramos decir que lo hago más por mí que por ti. Porque podría engañar a los demás, pero en el fondo jamás me podría engañar a mí mismo.

Por supuesto, como no me gusta ser hipócrita ni tener una doble-moral, una de las políticas de la compañía es no meterme con ocupadas. Nada de chicas con novio, pareja, esposo ni nada que se le parezca. ¿Tu relación actual no te satisface? Que mal. Pero si quieres tener algo conmigo, primero libre y solterita, ¿ok? De verdad no tengo intenciones de provocarle daños a terceros.

¿Y que me engañen a mí? Bueno, pues yo prefiero confiar. Para mí la confianza es básica en cualquier tipo de relación, y en especial con mis parejas ese tipo de temas son especialmente importantes. Por supuesto, en todas mis relaciones siempre intento hacer todo lo que esté en mis manos para que mi chica esté totalmente satisfecha en todos los aspectos. Pero aún así, hay un punto en el que ya no depende de mí. Y ahí sí, ya no es mi problema. Estará conmigo si lo desea y le place; y si no, no lo estará haga lo que haga, sin importar que yo me comporte de forma obsesiva, paranóica, chantagista, controladora, celosa o cualquier otra.

Si aún así me engañan... Pues sólo digamos que hay muy pocas cosas que yo nunca podría perdonar. Y ésta es una de ellas. Insisto. No hagas a otros lo que no quieres que te hagan a ti. ¿Ven qué fácil?

En fin... Creo que eso podría resumir bastante bien mis opiniones y punto de vista acerca de este tema tan común y al mismo tiempo ignorado.


Disclaimer: Como de costumbre, mis teorías no las baso en ninguna investigación científica formal, ni cuento con profundos conocimientos de las disciplinas bio-psico-sociales. Sencillamente es una hipótesis que he ido formulando y comprobando gracias a mi observación del comportamiento humano y las experiencias (positivas y negativas) propias y de cuanto amigo y conocido he tenido frente.

julio 19, 2011

La Cita de Hoy - Carnegie

Creo que ya he dejado mi postura al respecto a este tema bastante clara. Pero no está de más una buena cita para el día de hoy.

Preocupate más por tu carácter que por tu reputación. Tu carácter es lo que realmente eres, mientras que tu reputación es solo lo que los otros creen que tú eres.
Dale Carnegie

Y además, tiene relación directa con aquello de que puedes controlar tus propias ideas, reacciones y emociones, pero nunca las de los demás.

julio 15, 2011

El Beneficio de la Duda

Generalizando, la gente cree lo que quiere creer. Consecuentemente, la gente interpreta las cosas de la forma en que prefiere (o le conviene) verlas.

El principal problema de esto es que, precisamente, la gran mayoría se predispone y se vuelve un observador muy parcial. Si queremos ver lo bueno, nos hacemos de la vista gorda de todos los defectos (que eventualmente llegan a patearnos el trasero cuando les damos la espalda). Si queremos ver lo malo, desvaloramos totalmente todas las características positivas (y ya ni digamos las neutrales y relativas).

La cuestión es que esta apreciación tan subjetiva acaba siendo muy poco realista. No sólo observamos selectivamente aquello que se acerca a esa imagen mental que nos creamos, además proyectamos cosas de nuestra propia cosecha.

Es como crearse una película mental. Antes de que suceda la escena, ya nos sabemos los diálogos, intenciones, metas y problemas. Ya sabemos qué pasará y por qué. Y entonces la experiencia "real" es como una repetición de lo que esperamos que pase.

Por supuesto, el problema empieza cuando el otro actor se sale del guión. Cuando te has creado espectativas, si las cosas no salen como esperabas seguramente acabarás decepcionándote. Y de ahí todo es cuesta abajo.

El punto es que todo esto no dejan de ser Prejuicios (del latín praejudicium, "juzgado de antemano"). Proyecciones de la gente, que automáticamente asume que las cosas son como imagina. Decisiones tomadas antes de tiempo, sin tener toda la información necesaria. Juicios hechos de forma descontextualizada, sin ver el panorama más amplio y considerando aquello que en realidad desconocemos...

¿De verdad es tan difícil confiar un poco? ¿Imposible evitar caer en juicios apresurados? ¿Es tan escasa la confianza que mejor se dá con cuentagotas? ¿Acaso suena más sano estar siempre a la defensiva, malinterpretando y rechazando todo de forma automática?

¿Por qué no intentar por un momento tomar las cosas con la mente un poco más abierta? Darles el beneficio de la duda.

Puede que todo sea tan grave como nos tememos. Puede que no. Es realmente difícil saberlo a priori. ¿Por qué no hacer el intento? Con los ojos bien abiertos y siendo tan objetivos como sea posible, claro. Pero con esa mentalidad de "inocente hasta que se demuestre lo contrario".

Vamos, que a veces siento que esa paranoia cultural nos trae más problemas de los que resuelve, y nos priva de muchas situaciones muy agradables.

julio 14, 2011

Recuperando mi centro

Hay veces en que nos tenemos que enfrentar a cambios grandes y dramáticos, y es muy fácil perder nuestro centro.

Hay veces en que uno se pierde, aún sin que su vida haya sufrido cambios importantes, trascendentales y extensos. A veces simplemente uno se enfrenta a algo que lo saca de su zona de confort, y al no saber cómo reaccionar se confunde y termina por caer en sus viejos hábitos y mecanismos de defensa.

Y lo peor es que intenta hacer las cosas de manera diferente a como su propia naturaleza le indica. Lo cuál generalmente es un grave error. (Aunque aquí hay que recalcar. Hacer las cosas según tu naturaleza no es lo mismo que quedarte atorado en tu zona de confort.)

Al final, lo importante es tomarse un momento para meditar, y reflexionar si uno realmente está haciendo las cosas que debería hacer.


Me gusta planear las cosas. Me divierte, y generalmente una buena organización te quita problemas de encima y te ahorra el tiempo que perderías teniendo que solucionarlos (tiempo que puedes aprovechar para divertirte más). Además, en lo personal me suele desesperar demasiado la incertidumbre de no saber qué hacer, qué preparar, qué esperar...

Me gusta hablar las cosas, de frente, explícita y racionalmente. Es mi firme creencia que el mundo sería un lugar mejor si la gente aprendiera a comunicarse mucho más abiertamente, sin "intenciones ocultas", sin mentiras, sin futiles manipulaciones. Sobre todo sin dar por sentado que la otra persona automáticamente nos va a poder leer la mente y sabrá exactamente qué pensamos, queremos o esperamos. Ah, y de verdad odio con pasión las mentiras. A veces desearía que fuera posible no decir ni una más sin que eso provocara problemas o incomodidades.

Desde hace muchos años, tomé la determinación de que no dejaría que el miedo tomara decisiones por mí. Se vale ser cauto, se vale no sentirse listo, se vale cambiar de opinión. Lo que no se vale es hacer o no hacer algo sólo por el miedo a lo que pudiera pasar. Al diablo con el miedo. Pasará lo que tenga que pasar, y más vale pedir perdón que pedir permiso.

Me gusta aprender, conocer, experimentar, probar, intentar, investigar, saber. Soy muy curioso por naturaleza, y mi filosofía de vida es totalmente existencialista. Todo en esta vida es digno de experimentarse, al menos una vez. Uno nunca sabe cuándo podría encontrar algo que le podría llegar a cambiar la vida.

Soy una persona muy física. Tengo una necesidad bastante elevada de contacto físico con las personas cercanas a mí. Me producen mucho placer las caricias, abrazos, besos, todo ese tipo de cosas. Aclaro que esto definitivamente no se limita a contactos de caracter sexual. Yo veo el contacto físico como una forma más de comunicación, de comunión, de retroalimentación. Siempre voy a respetar el espacio íntimo de las demás personas, pero si depende de mí siempre voy a elegir la cercanía y calidez de la piel humana.


Hay cosas que estoy dispuesto a cambiar, algunas que no quiero, y algunas más que no puedo cambiarlas (lo quiera o no). La clave es diferenciar lo esencial de lo que no lo es. Y en general yo nunca he tenido mucho problema de hacer justo eso.

Yo soy yo, y no tengo por qué actuar diferente.

Habrá cosas que me funcionen, y cosas que no. Yo haré mi mejor esfuerzo. Pero (sobre todo en aquello relacionado con otras personas) es importante que me conozcan (y acepten) tal como soy. 

julio 07, 2011

Salto de Fé

A veces te encuentras justo en ese excitante y atemorizante punto...

Al borde del abismo, el viento dándote en la cara, la adrenalina recorriendo tu cuerpo... Sientes la cuerda del bungee atada a tus tobillos, pero no tienes idea si sea lo suficientemente flexible, corta o resistente.

Lo último que quieres es terminar en el suelo hecho estampilla postal, por supuesto. Pero la posibilidad de que en realidad sea la experiencia de tu vida te mantiene ahí, así, al borde del abismo.

No es la primera vez que te lanzas. Y las veces anteriores no has salido indemne. Pero sigues vivo. Y has logrado aprender de tus errores. O eso quieres creer.

Fé. Confianza absoluta, ciega, incuestionable. No es inocencia, es esperanza. No es estupidez, es estar dispuesto a correr el riesgo. Prioridades. Filosofía. Fé.

Por supuesto, eso no significa que te tirarás con los ojos cerrados. Los mantienes bien abiertos para poder retroceder ante la primer señal de alerta. Pero sin dejar que el miedo te paralice y tu resolución se evapore.

Respiras el aire puro. Relajas tus músculos en preparación de la tensión que seguirá. Aprecias el hermoso paisaje. No será la primera vez. (Irónicamente si todo sale bien, quizá exista la posibilidad de que sea la última.) Observas hacia abajo. El vacío te llama, te seduce, te reta.

Sonríes. Es momento de saltar...
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