octubre 19, 2010

Lobo Trabajando...

Hay una razón por la que he estado relativamente inactivo a últimas fechas.

Básicamente he estado bastante ocupado con mucha chamba (de la que me paga las cuentas y de mis proyectos personales). Si acaso se les ocurriera darse una vuelta por mi otro blog (que, desde luego, podría no ser del interés de los que frecuentan éste), verán que no sólo he estado mucho más activo por allá, sino que además he estado hablando de un proyecto al que estoy dedicando bastante tiempo y energía. Y que, dicho sea de paso, me tiene bastante entusiasmado.

A eso le sumamos que mi inspiración anda encausada por otros lares (y aún no me entusiasma en lo más mínimo algún tema en particular, apropiado para la Guarida), y tenemos un blog un poquito abandonado...

Pero no teman, que tarde o temprano regresaré. Y de seguro con bastante que decir.

Por lo pronto, disfruten de un dibujito. ^_^

(Ah, por si acaso... No es un perrito ni un lobo. Es un coyote.)

octubre 06, 2010

Cambio de Perspectivas

Hace exactamente 2 años 4 meses me operaron los ojos.

Hasta ese momento, yo solía ser miope. Sip, básicamente desde la preparatoria comencé a usar lentes. Y, de hecho, usarlos me permitió darme cuenta de un par de fenómenos muy interesantes.

El primero es que muchas veces no nos damos cuenta de la gravedad de los problemas que tenemos, sencillamente porque generalmente van creciendo de manera tan sutil que nos vamos acostumbrando a ellos. Yo no sabía que necesitaba lentes. De hecho pensaba que todo mundo veía así, y que era "normal". Por supuesto, cuando la gente se comenzó a dar cuenta de mis dificultades, para ellos que lo veían desde afuera resultó mucho más obvio.

Y he notado que en general así pasa. Uno está tan acostumbrado, y el cambio es tan progresivo que no tenemos un punto claro de comparación. Tan sólo estás viendo un poco peor que ayer, muy poco en realidad. Y como ayer veíamos tan sólo un poco peor que antier, pues nos quedamos con esa sensación de que hoy veíamos igual de bien que antier... Y así el problema crece y crece y uno ni cuenta se da.

El segundo fenómeno es mucho más simple. Uno no se da cuenta de cuánta gente necesita lentes hasta que comienza a usar unos. De verdad. Uno está tan conciente de sí mismo, de sus dudas y de sus preocupaciones por tener que usarlos, que pierde de vista lo común del problema. Pero entonces sucede que abrimos los ojos y vemos que una cantidad considerable de las personas que van caminando por la calle los usan.

De hecho, hasta pareciera que son muchos más que antes. ¿Qué sucede? ¿Todo mundo se puso de acuerdo para comenzar a usarlos en el mismo momento? ¿O es que, de hecho, antes lo dábamos por sentado tanto que sencillamente no solíamos fijarnos en eso? Lo que obviamente cambia cuando el usar lentes ya no es algo tan poco importante...

Pues bien... Quizá si todo mundo usara lentes alguna vez en su vida, en general tendríamos una apreciación un poco diferente de la forma en que solemos enfrentar los diferentes problemas personales que tenemos.

(Ah, y por cierto... El único efecto secundario que me dejó la cirugía fue una molesta, aunque no demasiado grave fotofobia. Básicamente significa que cuando manejo de día necesito usar lentes oscuros, y que me sigo volviendo vampiro cada vez más.)

octubre 05, 2010

Sentimiento de Culpa

¿Para qué sirve la culpa? Siendo realistas, de muy poco. De hecho, prácticamente de nada. No soluciona nada, no repara nada, no previene nada. (Siendo pragmáticos, la gente pasa más tiempo sufriendo por la culpa que realmente actuando para redimir sus errores.)

¿Entonces? ¿Por qué la gente se siente culpable de las cosas?

En general podemos hecharle la culpa a nuestra sociedad. Aún venimos cargando una herencia de la mentalidad católica medieval, donde prácticamente todo lo "placentero" estaba mal, era pecado. "A Dios todopoderoso confieso que he pecado de palabra, obra y pensamiento." Sip, hasta pensar era pecado. Entonces, como todos somos pecadores hay que sentirse mal, fustigarse y sufrir por nuestra inevitable perdición. Quizá si sufres lo suficiente Dios se apiade de tu alma y te de una pequeña oportunidad de perdón.

Y no, no estoy exagerando. Más o menos así es como veían las cosas antes. Y no demasiado antes (pregúntenle a las abuelas).

Bueno, pero ¿eso de qué nos sirve? ¿No se supone que ya hemos dejado todo eso atrás, y somos individuos modernos, liberados y mucho menos fanáticos? Pues si, pero las cicatrices siguen ahí.

Y no deja de ser un paradigma que adoptamos por nuestra propia conveniencia sin cuestionarlo ni analizarlo mucho. Si, dije "conveniencia".

Verán, yo tengo una pequeña teoría al respecto. La gente siente culpa porque (en el fondo, inconcientemente) desea sentirla. Porque obtiene una especie de paliativo cómodo y seguro que volver su zona de confort.

Digamos que lo puedo resumir así: sientes culpa para poder darte permiso de "portarte mal".

Te portas mal. Haces algo "contra tus principios", pero que en el fondo te da satisfacción de algún tipo. Pero actuaste mal. ¡Oh, no! Pero espera, no te preocupes. Si después te sientes mal por haberlo hecho, ya no estás tan mal. Al arrepentirte y sentirte mal ya estás pagando parte de tu penitencia, con lo que eventualmente te darán el perdón.

Lo más irónico es que de esta forma uno de ser el pecador se convierte en la pobre víctima. "Mira cómo sufro, me remuerde la conciencia y la culpa me carcome por dentro." Y entonces, viendo para atrás, quizá aquello que hice "mal" no se vea tan grave como pensabamos...

Claro, lo peor del caso es que por lo general esa culpa no es para obtener el perdón verdadero de Dios. En realidad se trata de no ser castigados por la sociedad. Es una justificación de nuestras propias acciones.

Y no deja de ser una pobre excusa para evadir la responsabilidad sobre nuestras propias decisiones. Fuimos nosotros los que elegimos "actuar mal", y ahora no queremos aceptar que así fue. No, fueron mis impulsos, mis debilidades, mi "maldad". No yo. Pobre de mí, que soy débil e infeliz.

Ah, pero eso sí. Sabías en qué te metías desde el principio. Sabías que estabas actuando "mal", pero en ese momento no te importó. ¿Para qué? Si para eso después podré sentirme culpable y asunto arreglado.

O sea, no existía la posibilidad de decir "no, eso es malo, y mejor no lo haré". ¡Listo! La perfecta solución para no sentir culpa después. Ahhhh, pero no. En realidad no es eso lo que queremos.

¡Diablos! Tan fácil que sería olvidarnos de toda esa moralina, sufrimiento inútil y sencillamente aceptarnos a nosotros mismos. "Si, eso es lo que quiero hacer, ¿y qué? Si está bien o mal, eso lo sabré yo mejor que nadie. Que me juzguen lo que quieran, pues ni siquiera conocen mi contexto completo." Vamos, que incluso si quieren meter a Dios en esto, según su propio Libro sólo él es capaz de juzgar a la gente. Y creo que él, siendo omnisciente, tiene un contexto bastante más completo y no se preocupará por nuestros "pequeños" pecados... O en dado caso él (y sólo él) sabrá cuál es el castigo que verdaderamente merecemos. (Y eso que comunmente predican que él es todo amor, perdón y entendimiento...)

En fin... ¿Para qué sirve la culpa? De poco. Como una manera de "pecar" sin hacerse responsable de las decisiones. Para no tener que dejar de hacer lo que queremos, pero sin enfrentarnos a nosotros mismos (y a la sociedad) para decir "Si, lo hago porque quiero. ¿Y?"

¿No sería más fácil aceptar que es nuestra decisión y afrontar las consecuencias? ¿Así, sin culpas ni sufrimientos? ¿Sólamente hacer aquello de lo que después no nos vayamos a arrepentir? ¿Y si verdaderamente lo que queremos hacer no es bueno y puede dañar a otros (o a nosotros mismos), y entonces básicamente aceptamos NO HACERLO desde el principio?

Pero claro. Ya ahogado el niño...

septiembre 29, 2010

Otra vuelta completa al sol

¡Pero qué mal! No sé dónde tenía la cabeza, que se me olvidó por completo que la Guarida cumple un año más. Pareciera que apenas fue ayer cuando comencé con esto.

¿Qué puedo decir? Ha sido un año bastante lento, pero estoy satisfecho. He dicho lo que quería decir, he expresado lo que necesitaba expresar y he compartido lo que he considerado valioso compartir.

A pesar de la poca interacción que hay con mis lectores, me agrada saber que al menos unos cuantos me siguen con regularidad y se interesan por mi estilo e ideologías. Básicamente les doy las gracias por la paciencia y atención que me han prestado. Y no teman, que aún tenemos Guarida para rato.

Y, como siempre que se cumplen años, es divertido mirar hacia atrás y ver lo que hemos aprendido. Y mirar hacia adelante y ver lo que aún falta por venir. Experiencia y potencial, por decirlo de una forma simple.

De nuevo, gracias y hasta pronto.

septiembre 22, 2010

Se me perdió la musa, ¿alguien la ha visto?

Puede parecer que últimamente he estado bastante flojo, sin publicar casi nada...

Y pues sí. No he publicado mucho. Pero no porque no haya cosas que decir. De hecho, tengo una buena cantidad de ensayos entre mis borradores, en espera de ser finalmente terminados, editados, ilustrados y publicados.

La cosa es que se juntan varios factores.

El primero (y más obvio) es que he tenido ocupaciones y precupaciones varias que me tienen bastante atareado. Proyectos, trabajo, vida social, un depa sin conexión a internet...

El segundo es que no me acaba de llegar la inspiración. Es decir, tengo cosas por decir y sé qué es lo que quiero expresar en términos generales (y de qué forma), pero específicamente hablando no se me ocurre cómo sería la mejor forma de redactar mis textos para comunicar clara y concretamente mis ideas completas.

Lo tercero (y quizá lo menos trascendental, pero importante para mí) es que no tengo idea acerca de qué tenga deseos de leer mi reducida pero fiel audiencia. ¿De qué temas les interesa que hable? ¿Quieren que me queje? ¿Que intente educar un poco? ¿Que me ponga a filosofar? ¿Que haga reir? ¿Que hable de algún tema en particular?

¿Hablo más de sexo, filosofía, psicolofía, política...? ¿A alguien le interesa saber más de mí, de mis opiniones, experiencias y anécdotas? ¿O de plano les saco la lengua a todos y hago lo que se me pegue la gana cuando me regrese la inspiración?

¿Muchas entradas pequeñitas pero interesantes? ¿O una que otra de vez en cuando, pero bien ricas de contenido e importancia?

Preguntas, preguntas...

septiembre 02, 2010

A quejarse un poco

Bueno, pues hace mucho que no tenemos una buena controversia por acá. (De hecho, técnicamente nunca hemos tenido mucha controversia por este blog. Aún no sé si porque expongo bien mis argumentos, porque mis temas no atraen mucho troll o porque sencillamente tengo una audiencia demasiado pequeña.)

Hagamos uso de los trucos básicos, entonces. ¿Quieres provocar una acalorada discusión, guerras de egos y terribles muestras de malentendidos? Habla de Política, Religión o Discriminación. Ok, ok, no todo mundo cae en la trampa, y sí es posible tener una agradable, madura e inteligente conversación respecto a esos temas, ¿verdad? En especial cuando los involucrados son tan sensatos y abiertos como mis agradables lectores, ¿o no?

En fin... El caso es mover un poco las aguas (y publicar algo con sustancia, para que no se quejen que nunca posteo nada).


Mi postura política:

La Democracia es un sistema terriblemente malo, manipulable e ineficiente por concepto.

Mi razonamiento:

La Democracia se basa en el concepto de que el Pueblo sea gobernado por el Pueblo. En la práctica, eso significa que los gobernantes son elegidos por el Pueblo, con la idea de que el Gobierno esté representando a éste.

Lindo, muy lindo... De no ser porque aquí hay que tomar en cuenta un detalle muy importante. La Naturaleza Humana.

Y la realidad es que la gran mayoría de la gente no tiene los conocimientos o la visión para saber qué es lo que les conviene más. Es decir, lo que el Pueblo quiere, no necesariamente es lo que el Pueblo necesita.

(Ejemplo práctico: los medios de comunicación presentan al Pueblo lo que la gran mayoría del Pueblo prefiere ver. ¿Y qué es lo que el Pueblo prefiere? Observa la próxima vez que prendas la TV y encuentra tu respuesta en cada Reality Show, telenovela, Talk Show y programa de comedia barato.)

Por supuesto que hay individuos que sí lo saben. Los sensatos, los inteligentes, los estudiosos. Pero les tengo malas noticias. Esos individuos NO son mayoría. De hecho apenas son una muestra representativa de los habitantes de una nación.

Y la verdad es que al final esa elección de los gobernantes se vuelve un concurso de popularidad, no de capacidad. A ver quién habla más bonito y logra que el Pueblo les compre las mentiras y las idealizaciones, y se engañen pensando que "ahora sí van a cambiar las cosas", o peor aún, que digan "pos mejor irle al menos pior".

Por ahí dicen que el Pueblo tiene el Gobierno que se merece. Con todo respeto, yo no podría estar más de acuerdo...

En mi defensa:

Al leer lo anterior, puede que algunas personas cínicas y pesimistas automáticamente respondan: "¿Pues entonces qué propones? ¿Que nos dirija un Dictador que sí sepa (según él) qué es lo que el Pueblo necesita? ¿Que la gente deje de tener voz y voto? ¿Que confiemos ciegamente en los gobernantes, o aún peor que nos deje de importar?"

Nop. En lo más mínimo. Eso no soluciona absolutamente nada.

Volvemos a lo mismo. Naturaleza humana. El Poder corrompe. El Poder Absoluto corrompe absolutamente.

Para no querer aprovecharte de los demás y usarlos en tu beneficio (y su perjuicio), básicamente necesitas, una de dos: o respetarlos o temerles.

Para que un político respete al Pueblo, necesita ser un idealista que entre a la política por generosidad, por ese deseo de mejorar su país y ayudar al Pueblo. Y que el sistema no lo vuelva un cínico, le dificulte hacer su trabajo y (preferentemente) no le haga más fácil ver por sí mismo que por los demás.

Para que un político le tenga miedo al Pueblo, el Pueblo debe tener algún tipo de autoridad y control sobre el Gobierno. Es decir, que el Pueblo no sólo elija a sus gobernantes, sino que además tenga verdaderamente la facultad de pedirles cuentas, sustituirlos y castigarlos cuando comentan delitos y abusos en su contra. (¿A alguien le suena conocida la palabra "Fuero"?)

Mi Tesis:

Ok. Ya me quejé. ¿Ahora qué propongo para cambiar las cosas?

Puesto que esto es mi blog, expondré mis ideas. Que las lea quien quiera y que piense lo que prefiera.

Mi postura política es que la Democracia no sirve. Mi tesis es que un sistema que funcionaría mucho mejor sería una Meritocracia.

¿Qué quiere decir esto? Que al Gobierno no lo eligiera el Pueblo. O, más precisamente, no todo el Pueblo. Una parte, representativa pero bien informada y capacitada. Aquellos que se hayan ganado el derecho de que su voto pese más, y que tengan objetivamente un mayor discernimiento y racionalidad. Aquellos que piensen en lo que el Pueblo realmente necesita, y no cuál ha sabido mover mejor a las masas (que son terriblemente manipulables). Que sea un grupo reducido los que puedan darle Poder a los gobernantes.

Un puñado de cientos, si acaso miles. No los millones que actualmente votan. Ese puñado deberá ser elegido por sus méritos personales, y muy probablemente analizado y validado cuidadosamente conforme a criterios cuantitativos y demostrables. Probablemente certificados por algún tipo de comisión objetiva, completamente desligada de otros poderes e intereses, neutral e independiente. Quizá incluso externa, con representación externa (pero también desligada de otros Gobiernos o Corporaciones). Probablemente a la larga esta comisión se podría conformar por aquellos de entre ese puñado de personas cuyos méritos sean especialmente meritorios y representativos.

Y así logramos tener una verdadera muestra del Pueblo, capaz de decidir lo que es mejor para él de la forma más imparcial y justa. El Gobierno del Pueblo elegido por un puñado de Representantes Informados del Pueblo.

Lo más importante es que ese puñado NO deberá provenir de aquellos que están del lado del Gobierno (o se convertiría en un Autoritarismo disfrazado). Nadie que se esté beneficiando de manera directa, o que tenga conflicto de intereses, o que pueda ceder ante las presiones de los afectados.

Y ese puñado no deberá basarse en criterios económicos o externos, de parte de Intereses Privados (o se convertiría en una verdadera Oligarquía). Que los criterios tengan más que ver con méritos propios, y no con intereses, influencias o capacidad monetaria o de clase.

Puesto que el Poder corrompe más conforme más Poder se tiene, repartir y regularizar ese Poder. Ese puñado deberá no sólo poder darle Poder al Gobierno, sino también debe poder quitárselo si no cumplen con sus deberes, responsabilidades y promesas. Hechos, no palabras. Te estoy prestando el Poder para que tú te encargues de ver por todos; no te lo estoy regalando para que me acuchilles por la espalda cuando más te convenga.

Y por supuesto, ese mérito debe ser contínuo. Así como cada año nos cobran impuestos, que cada año debas demostrar que sigues mereciendo ese privilegio de voz y voto. Nada de "ya lo gané y me lo quedo", sino un "lo tendré mientras lo merezca".

La Realidad:

Hay que ser prácticos en esta vida. Mi propuesta es complicada, controversial y para que realmente funcionara habría que considerar muchos factores y cambiar de raiz muchos problemas e instituciones.

Es poco probable que veamos un cambio inmediato. (Y como en general el Pueblo se enfoca mucho más en su presente inmediato que en el beneficio a largo plazo...)

Y, de hecho, nuestro mismo sistema actual es el mayor obstáculo. Tenemos un tremendo cuello de botella en el cuál los que toman las decisiones son precisamente los que más se benefician de ellas. ¿Qué gobernante querrá cambiar un sistema donde él es el mayor beneficiado?

¿Qué nos queda? Por supuesto que presentar un frente común. Somos muchos más los ciudadanos que los gobernantes. Abusan de nosotros porque se los permitimos. Porque es más el cinismo, las quejas y la insatisfacción, pero pocos los esfuerzos, las acciones y los cambios. En nosotros mismos como primer paso, en el mundo como último. Y esa sí es una verdadera Revolución Ideológica, que no armada ni violenta.

Para cerrar. Que quede muy claro. Me he expresado muy duramente del Pueblo. Puede que hasta de forma chocante y condescendiente. Y hay que decir que no lo hago por pretensión o complejo de superioridad.

Yo admiro al Ser Humano. Me agrada la Humanidad y tengo grandes esperanzas de que podemos llegar a algo mucho mejor. Y definitivamente creo que el futuro está en manos de los Individuos. Lo que desprecio es la Mediocridad y a la Masa. Quejarse, pero no hacer nada. De verdad, lo vuelvo a repetir. El Pueblo tiene el Gobierno que se merece. Lo importante es mejorar más para merecer más.

agosto 25, 2010

Jerarquías de Dominación

Es muy curioso. Se supone que el ser humano es el animal más inteligente que hay, y uno de los más evolucionados. Y sin embargo, a veces esa superioridad juega en su contra y los resultados son de lo más negativos.

La cosa es así. Entre un gran número de especies, existe un muy efectivo método para reducir los conflictos en grupos sociales de la misma especie. Consiste en que en el grupo habrá un individuo que tome el papel del líder dominante (comunmente llamado el "macho alfa", o "hembra alfa" en las especies matriarcales), siendo aquel con la autoridad para solucionar todo tipo de situaciones, y cuya supremacía es incuestionable por parte de todos los demás. El punto clave es que no sólo tiene poder sobre los demás, sino que también se vuelve responsable por la supervivencia y bienestar de todos. El liderazgo como medio, no como fin.

El ser humano ES una de las especies que instintivamente recurre a ese modelo de Jerarquías de Dominación (llamado elegantemente "jerarquías sociales" para diferenciarnos de los demás animales). Nos viene en los genes. Y, como decía al principio, el problema es que nuestra supuesta civilización y racionalidad es lo que nos provoca los mayores conflictos al chocar con dichos instintos. Básicamente nuestro problema es que no sabemos perder.

La situación tiene que ver con un concepto bastante sencillo. En los grupos animales con Jerarquías de Dominación hay un mecanismo auto-regulador denominado Luchas de Poder. Esto es, cuando un individuo desea intercambiar su lugar jerárquico con su superior, puede retarlo a una lucha para ver quién logra dominar al otro. El ganador se queda con el lugar superior, dominante y poderoso; el perdedor se aleja con la cola entre las patas, pero vivito y coleando.

La función de esas Luchas de Poder es asegurarse de que el individuo dominante sea el más apto para cumplir con las funciones y responsabilidades de ese rol. Por eso el ganador será aquel con los mejores recursos. Generalmente el más fuerte, el de mayor experiencia, el más adaptable, el más astuto... El más capaz, en los sentidos que sea importante y necesario. (La supervivencia del más apto, enfocada al aspecto social, pues.)

Pero regresemos al problema de los hombres. Somos la única especie que se obsesiona por la victoria por sí misma, por subirse el ego para sentirse superior, que no sabe cuándo renunciar, que se siente ofendido y hasta agraviado por haber sido vencido por alguien. Perder es el peor insulto y la humillación más grande.

Cuando los animales entran en una lucha de poder, su objetivo es demostrar su capacidad, NO HUMILLAR NI VENCER DEFINITIVAMENTE a su rival. Hacen ruidos y movimientos exagerados para intimidarse, sin intercambiar golpes. Se lanzan de cabeza, dispuestos a chocar sus cuernos, pero no con intenciones de empalarse y sacarse las tripas. Miden sus músculos y colmillos para demostrar quién es el más grande, pero sin usar ese tamaño para aplastar al rival. Se atacan con las patas, pero con las garras retraídas.

¿Por qué harían eso? ¿No sería más efectivo usar las garras? ¿No estarían causando más daño a su rival con cada golpe? Definitivamente, pero si usaran sus garras, el rival las usaría también, y en lugar de un ganador y un perdedor tendríamos dos individuos (probablemente muy) heridos. Victoria, pero ¿a qué costo?

Ese pequeño concepto se nos suele escapar a los humanos. Nos obsesionamos tanto con ganar, que nos negamos a reconocer la superioridad del otro. Cuando vemos que llevamos las de perder, escalamos (sacamos las garras). Si aún así sentimos que seguimos perdiendo, volvemos a escalar (vamos por la jugular). Y, por supuesto, el problema de aumentar la apuesta es que el riesgo también aumenta, y mucho. En lugar de simplemente intentar ver quién es el mejor, nos jugamos el todo por el todo (muchas veces sin pensar en las posibles consecuencias negativas que habrá, aún si logramos ganar el embate).

Y entonces, así sea que ganemos, no dejamos de ser unos idiotas obsesivos. (Nunca falta cuando con tal de ganar lo que acabamos sacrificando es precisamente aquello que queríamos obtener en primer lugar.)

Porque perder no es el fin del mundo. No significa que todo es definitivo, ni que nunca en la vida podremos volver a intentar subir de jerarquía. Es una prueba fehaciente y tangible de que AÚN NO TENEMOS LA CAPACIDAD necesaria para dominar a ese rival que enfrentamos. Y más vale bajar la cabeza que perderla. Lo único verdaderamente irremediable es la muerte.

Porque perder no nos hace menos. En este mundo tan superpoblado, siempre, y de verdad SIEMPRE habrá alguien abajo y alguien arriba de nosotros. Alguien más rico, alguien más pobre, alguien más listo, alguien más tonto, alguien más capaz, alguien más inútil, alguien más atractivo, alguien más feo, alguien mejor, alguien peor. Y obsesionarse con estar hasta arriba es prácticamente lo mismo que correr detrás de nuestra misma cola.

Porque perder nos quita oportunidades, pero también nos libra de responsabilidades y obligaciones. Porque somos tan orgullosos que comunmente cuando subimos de jerarquía nos negamos a volver a bajar, aún si no nos encontramos en el lugar más adecuado para nuestras capacidades. Y como nos obsesionamos tanto por ganar como un fin (y no como un medio), pasamos cientos de horas creando la estrategia necesaria para subir, en lugar de preparándonos para tener las habilidades que necesitaremos estando arriba. Y la victoria sigue siendo hueca.

Porque perder generalmente implica que no entendimos (o no quisimos ver) la capacidad de nuestro rival. Porque hay que saber elegir adecuadamente qué peleas vale la pena pelear, y qué es lo que estamos dispuestos a jugarnos a cambio. No pelear por pelear, ni dominar sólo para ser dominante. Estar arriba no te hace automáticamente mejor ni superior.

Al final la solución es clara. Hay que aprender a perder.

julio 30, 2010

La Cita de Hoy - Lao Tse, Luis XIV

Ya saben. Me gusta enfatizar mis temas con alguna cita interesante cuando creo que lo merecen. Y más cuando se trata de algo tan universal...

El que domina a los otros es fuerte; el que se domina a sí mismo es poderoso.
Lao Tse

Hay pocas cosas que puedan resistir a un hombre que se haya conquistado a sí mismo.
Luis XIV

De verdad. ¿Aún queda alguna duda o busco alguna otra cita?

julio 27, 2010

Control Emocional

Las emociones son como un río. En ocasiones tranquilo y pacífico, en otras tumultoso y rápido, pero siempre en movimiento.

Hace algún tiempo, publiqué una entrada relacionada al nivel de control que uno puede llegar a tener en esta vida. Resumiendo en pocas palabras: Tú no puedes controlar cosas externas, como el medio ambiente, a otras personas o situaciones que no tienen que ver contigo. Lo que sí puedes controlar es lo que tú mismo haces, decides y cómo reaccionas ante las cosas. Sobre todo eso. Tu actitud ante la vida.

Suena fácil, pero ¿cómo hacer eso?

Hay muchas técnicas de muy distintas naturalezas. Y habrá a quien le acomode más una que otra. Yo en lo personal soy bastante afecto a las filosofías orientales, y me parecen mucho más orgánicas y accesibles. Por tanto, siempre recomiendo una técnica bastante básica y común, pero poderosa.

Bueno, pues esta técnica se basa en lo primero que dije en esta entrada. En el concepto de que las emociones funcionan de una manera muy similar a como lo haría un río.

Hay emociones suaves, sutiles, fáciles de controlar. Como un cauce tranquilo y cristalino. Hay emociones explosivas, apasionadas, difíciles de dominar. Como un torrente agitado e impetuoso.

Aquí la cosa es que hay emociones positivas y negativas.

Las positivas son aquellas que disfrutamos experimentar. Pasión, placer, felicidad, inspiración. Nos impulsan a crear cosas nuevas, a proteger aquello que queremos, a sacar lo mejor de nosotros mismos. Estas emociones son como un chapuzón en agua fresca cuando morimos de calor.

Las negativas son aquellas que nos provocan sensaciones desagradables. Odio, dolor, tristeza, miedo. Nos impulsan a destruir cosas, a eliminar aquello que nos desagrada, a escapar de los retos. Estas emociones son las que más riesgo de ahogarnos y autodestruirnos conllevan.

Sólo no hay que olvidar que a veces lo mejor es no dejarse llevar aún por las emociones positivas (por más agradables que puedan ser), y que las negativas (adecuadamente canalizadas) también tienen sus ventajas y su función.

Pues bien... Hasta aquí no resulta nada del otro mundo. Pero, en la práctica, ¿eso qué significa?

Básicamente, cuando sentimos una emoción nos estamos sumergiendo en ese río. Si la emoción es traquila y controlable, es fácil nadar hacia donde queremos o necesitamos, y no nos afecta grandemente. El problema, obviamente, es cuando la emoción es intensa y rápida, y nos cuesta trabajo manejarla fría y objetivamente.

En términos generales, uno puede actuar de tres maneras diferentes.

La primera es dejarse llevar por el río. Que sus aguas te arrastren y te lleven a donde quieran, sin que tú tengas voz ni voto. Perder el control, y hecharle la culpa al río de la falta de dominio de uno. Y, por supuesto, así lo más probable es que uno acabe ahogado o, en el mejor de los casos, empapado hasta los huesos y muy muy lejos del lugar donde quería llegar. Hay que ser honestos con nosotros mismos; las consecuencias negativas en este caso suelen ser casi siempre bastante problemáticas, y en ocasiones hasta irremediables.

La segunda es nadar contra la corriente. Negar tus sentimientos, intentar hacer lo contrario, quitarles importancia, mentirle a los demás, pero sobre todo (intentar) mentirte a ti mismo. El mayor problema es que por lo general esto no es sino meter el polvo bajo la alfombra, no hacerlo desaparecer. Y eventualmente el polvo se acumula y nos explota en la cara. Y para entonces ya estaremos tremendamente cansados de haber nadado contra la corriente por tanto tiempo. ¿Qué sucede? Que volvemos al punto de partida, y estaremos tan frustrados y cansados que seguramente caeremos en la primera forma de todos modos.

Nos queda, pues, la tercera opción. Aprovecha la corriente a tu favor. Esto quiere decir que vas a nadar en el sentido que te lleve el río, pero estando en dominio de tu movimiento. No niegues ni bloquees tus emociones, pero no te dejes llevar por ellas. Úsalas a tu favor, canalízalas y aprovecha el impulso que te puedan dar. Incluso el miedo o la ira pueden resultar positivas si son adecuadamente controladas. Y que conste que hay ocasiones donde incluso es mejor aprender a controlar las emociones positivas también (para poder mantener la objetividad en ciertas situaciones, por ejemplo).

La clave es que las emociones que sentimos son, después de todo, una parte importante de nosotros. Y darles la espalda es como darnos la espalda a nosotros mismos. Lo cuál no sería tan grave si no fuera porque el subconciente de la gente suele ser bastante rebelde y no le gusta ser ignorado, y acabamos autosaboteándonos con mucha facilidad.

Todo se resume en eso. Acepta tus emociones. Déjalas fluir. Fluye con ellas. Fluye hacia donde tú quieres llegar. Y no te quedes atorado en ellas. Una vez que has llegado a donde quieres llegar, déjalas ir. Entonces estarás fuera del río, mojado pero vivo y en control.

Por supuesto, suena mucho más fácil decirlo que hacerlo. Y es cuestión de disciplina, práctica y mucha fuerza de voluntad. Porque es fácil dejarse llevar, es difícil negar las emociones, pero toma muchísima más fuerza lograr dominarlas sin dejar de sentir. ¿Quién es el débil entonces?

Hay una pequeña herramienta que descubrí de muy pequeño, y que me ha resultado particularmente útil en situaciones bastante difíciles. Se trata de la Letanía del Miedo, proveniente de la saga de Dune, obra de ciencia ficción del autor Frank Herbert.

No debo temer.
El miedo es el asesino de la mente.
El miedo es la pequeña muerte que trae la destrucción total.
Enfrentaré mi miedo.
Le permitiré pasar sobre mí y a través de mí.
Y cuando haya pasado volveré mi ojo interno para ver su camino.
Donde el miedo se haya ido no quedará nada.
Sólo yo permaneceré.

Cambia "miedo" por aquella emoción que amenace con cegarte, absorverte y hacerte perder el control. Ah, y también funciona sorprendentemente bien para lograr dominar el dolor físico (además del emocional).

Aprende las palabras. Adóptalas y adáptalas a tu situación particular. Y cuando sientas que el río te arrastra, repítelas como mantra de poder. Como si te sostuvieras de un tronco flotando en la superficie del agua. La clave es entender que las emociones tarde o temprano pasan, y lo importante es qué logres ganar tú de ellas.
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