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noviembre 11, 2013

La Cita de Hoy - Nietzsche

¿Por qué será que a veces dos personas pueden estar viendo exactamente lo mismo, y al mismo tiempo algo totalmente diferente?

No existen los hechos, sino solo las interpretaciones.
Friedrich Nietzsche

Es bien curioso como a la gente a veces pareciera no importarle la verdad de los hechos. Es mucho más importante entender que lo que en verdad les importa es la percepción que llegan a tener de los mismos.

Es la belleza de la subjetividad humana. Para bien o para mal.

enero 22, 2013

La Cita de Hoy - Buddha

Estamos viviendo en una época peligrosa. El internet nos ha traído una impresionante facilidad para obtener todo tipo de información. Sin embargo, mucha gente está perdiendo de vista aquella sabia frase de "no creas todo lo que lees". De hecho...

No creas nada, sin importar dónde lo hayas leído o quién lo haya dicho, ni siquiera si yo lo dije, a menos que esté de acuerdo con tu propio razonamiento y tu propio sentido común.
Gautama Buddha

El buen Buddha: enseñando pensamiento crítico desde hace unos 2540 años.

diciembre 07, 2012

La Cita de Hoy - Nietzsche

Cualquiera que esté medianamente interesado en entender la psicología humana, debe entender un punto muy importante. La gente ve lo que quiere ver.

Algunas veces la gente no quiere escuchar la verdad, porque no quieren que sus ilusiones se destruyan.
Friedrich Nietzsche

Para utilizar una frase de la película American Beauty (una de mis favoritas), "no subestimes nunca el poder de la autonegación".

noviembre 30, 2012

La Cita de Hoy - Jung

¿Qué pasa cuando la psicología y la química se juntan?

El encuentro entre dos personas es como el contacto entre dos sustancias químicas: si si se produce una reacción, ambas se transforman.
Carl G. Jung

Y las mejores relaciones son aquellas donde la transformación es aditiva y positiva.

junio 20, 2012

La Cita de Hoy - Dumas

Si, si. Esto suena a frase barata de cualquier libro de superación personal. Pero si es tan común es porque es verdadero (y poderoso).

La vida es fascinante. Sólo hay que mirarla a través de las gafas correctas.
Alexandre Dumas

Hay muchas cosas que no podemos controlar. La forma en que reaccionamos a las cosas y la actitud que tenemos ante la vida sí se puede.

junio 13, 2012

La Cita de Hoy - Jung

Después de una buena temporada de sequía de entradas (debido a ocupaciones varias que han tenido prioridad sobre este blog), lamento informarles que aún no tengo nada sustancioso que publicar. Pero por lo pronto una muy buena cita de mi psicólogo favorito.

Lo que niegas te somete. Lo que aceptas te transforma.
Carl G. Jung

Justo tiene mucha relación con lo que ya decía alguna vez... En general, nuestra psique es bastante rebelde.

marzo 12, 2012

La Cita de Hoy - Campbell

Y hoy tenemos una cita bastante simple, pero muy útil a nivel psicológico y espiritual.

Tu lugar sagrado es en donde te puedes encontrar a ti mismo una y otra vez.
Joseph Campbell

El camino no es fácil, pero una vez que lo encuentras...

febrero 23, 2012

Hay que fallar

Falla. Falla más veces. Falla más rápido. Falla contundente, estrepitosa y explosivamente. Pero falla bien.

No te quedes con las ganas. Intenta, experimenta, explora, improvisa, prueba, disfruta, analiza. Eso sí, que fallar valga la pena. Un fracasado no es el que falla, sino el que no aprendió nada después de haber fallado.

No te aferres a las cosas sólo por no querer fallar. Hay que saber perder. Una mala decisión seguirá siendo mala, sin importar cuánto esperes antes de aceptarlo. Y, de hecho, es más probable que las consecuencias sean peores conforme más tiempo pase.

Pero eso sí. Haz las cosas intentando no fallar. Si desde el principio te rindes y asumes que fallarás, ¿qué crees? Justo eso pasará. Y no está mal fallar, pero ¿para qué te das "permiso" de hacerlo, si quizá esté en tus manos no hacerlo? Hay que fallar por no ser capaces (aún), no por poner excusas y pretextos.

Sé que suena un poco contradictorio. La cuestión es enfocar tus esfuerzos para tener éxito, pero no tenerle miedo al fracaso. El fracaso es como una piedra. La cuestión es que dicha piedra sea parte de los cimientos de lo que construirás después, y no un peso amarrado a tu cuello que te hunda hasta el fondo del mar.

Falla. Lo has hecho antes, y lo volverás a hacer en el futuro. Pero que fallar te haga una mejor persona. Esa es la clave.

noviembre 22, 2011

Ceder

Es bien sabido que me gusta quejarme de los vicios y carencias con los que la sociedad occidental nos ha programado desde nuestra más tierna infancia. Paradigmas heredados de otras épocas y aceptados por la mayoría sin el menor cuestionamiento. Prejuicios pernicosos soltados con la mayor inconciencia. Resistencias cómodas y fácil mediocridad.

Uno de los vicios más pernicosos es esa incapacidad de saber perder, alimentada por un patente sentimiento de inferioridad cultural. Si pierdo soy menos que tú, si soy menos que tú no valgo. Sólo vale el que está hasta arriba. No importan las condiciones, el contexto, las capacidades. Importa el orgullo herido y el "no dejarse" por los demás.

Y es que hasta cierto punto está bien. Uno debe aprender a defenderse, a no ser tan pasivo ni sumiso. Hay que defender nuestros derechos y exigir que seamos tratados de forma justa. Pero la gente se acostumbra y lo vuelve su forma de vida. Y ya deja de ser una defensa y se convierte en una ofensa. Tengo que ganar. Siempre. Al costo que sea.

¿Y en realidad vale la pena? ¿En verdad?

¿Cuántas veces no ha pasado que con tal de "no perder" nos metemos en más problemas, discusiones sin sentido, acabamos hiriendo a los que amamos y al final la satisfacción de "ganar" resulta algo hueca y hasta incompleta? Dicen por ahí que "la cima es un lugar demasiado solitario..."

Bueno, pero ¿entonces? Ya la vez anterior hablaba de aprender a perder. Pero hay ocasiones en las que no debemos o queremos perder. Y sin embargo, puede que continuar peleando resulte demasiado problemático. ¿Qué solución hay?

Hay que aprender a ceder. "Mmm... Pero si eso es exactamente lo mismo." No. No lo es.

Perder implica que otra persona ha impuesto sus propios términos ante nosotros. Ceder implica que nosotros le otorgamos la victoria (en nuestros términos).

Perder sucede cuando nuestras capacidades, conocimientos o condiciones no son las idoneas. Ceder es cuando nosotros decidimos abandonar una lucha que ya no nos reportará suficientes beneficios.

Perder quiere decir que nuestro oponente pudo resistir por más tiempo a nuestros embates. Ceder significa que preferimos no gastar inútilmente energía que podríamos estar aprovechando para mejores fines.

Perder es que alguien más te quitó de las manos aquello que querías. Ceder implica que lo has dejado ir voluntariamente (y con ello le has quitado peso simbólico y emocional).

Perder significa pelear hasta morir (literal o figurativamente). Ceder implica retirarte para pelear otro día.

Perder implica derrota e inflexibilidad. Ceder implica compromiso y responsabilidad.

Nótese que en ningún momento he dicho que ceder signifique rendirte. Es más una cuestión de aprender a escoger tus peleas.

Y tú, cuando sabes que la otra persona no va a cambiar sus intenciones o manera de pensar, ¿pierdes o cedes?

septiembre 30, 2011

La Cita de Hoy - Keller

Es curioso como a veces dejamos que nuestros miedos o nuestra resistencia al cambio tomen las decisiones por nosotros...

La Seguridad es en su mayor parte una superstición. No existe en la naturaleza, ni los hijos del hombre la experimentan en general. A la larga, evitar el peligro no es más seguro que exponerse directamente. La vida puede ser una audaz aventura, o nada.
Helen Keller

En mi experiencia, vivir con miedo y paranoia sólo influye tu percepción de lo mal que están las cosas, no la frecuencia real con que suceden.

septiembre 20, 2011

Los Seis Sombreros

¿Alguna vez te ha pasado que tienes que tomar alguna decisión importante, pero por más que le das vueltas a las cosas no logras salir de tu confusión y sientes que todo te angustia más de lo que te ayuda?

Bueno, pues he aquí una buena técnica.

Se llama los Seis Sombreros de Bono, y aunque es un sistema pensado principalmente para la solución de problemas administrativos en empresas y ese tipo de cosas, resulta muy útil también a nivel personal.


En realidad es muy fácil.

Tomas un pequeño cuaderno o algo así.

En la primer página escribes en la parte superior "Sombrero Blanco". (Hacer a un lado el lindo dibujito de un simpático sombrero es totalmente opcional.) Esta página corresponde al sombrero neutral. Ahí tienes que escribir todas las cosas objetivas, medibles, los hechos concretos y comprobables de toda la situación. Tiempo, cantidad, distancia, evidencias, pruebas, presupuesto... Blanco, sin color, lo más objetivo e impersonal posible.



En la segunda página escribes "Sombrero Rojo". Éste es el sombrero emocional. Ahí vas a escribir todo lo relacionado con las emociones, los sentimientos, las sensaciones, la intuición... Todo lo que sientes: lo bueno, lo malo, lo agradable, lo desagradable. Lo primero que te venga a la mente. Las cosas que te hacen sentir bien, las que te preocupan, tus miedos, ansiedades, tu emoción, lo que te haga sentir pasión y euforia. Pero sólo escribe lo que sientes, los puntos de vista. Sin justificaciones ni explicaciones.



En la tercer página escribes "Sombrero Negro". Es el sombrero crítico. Aquí tienes que escribir todo lo negativo, los problemas, las dificultades, las posibles críticas y juicios desagradables (tanto lo que tú mismo pienses, como lo que creas que te puedan decir otras personas). Eso sí, tiene que ser un sombrero lógico. No se vale inventar cosas. Sólo se trata de ver las cosas de la manera más dura y crítica posible. Todas las cosas que se te ocurran que puedan salir mal. El worst case scenario.



Pero no te deprimas demasiado. En la cuarta página va el "Sombrero Amarillo". El solecito, las flores y las abejas, todo lo positivo, el sombrero optimista. Todo lo agradable, los posibles beneficios, las ventajas, lo que podría salir muy bien. Lo que más desearías y lo que sería la mejor de las suertes. El best case scenario.



En la quinta página va el "Sombrero Verde". Representa la creatividad. Las posibilidades, las ideas, las hipótesis y teorías que se te puedan ocurrir. Todas las posibles explicaciones que se te ocurran para explicar las diferentes cosas (como por ejemplo aquellos hechos del primer sombrero que hayas observado, pero no sepas por qué pasan como pasan). Aquí es donde vas a intentar pensar en posibles soluciones para todos los problemas que se te ocurran. Tanto aquellos que ya se han presentado como los que creas que se podrían presentar. "No me digas cómo no. Dime cómo si.



Finalmente, en la sexta página va el "Sombrero Azul". Es el sombrero analítico. Vuelve a releer todo lo que escribiste en las páginas anteriores. Agrega lo que se te haya ocurrido que faltaba. Piensa bien en todo lo que has escrito y lo que has podido entender de eso. Ahora comienza a escribir tus conclusiones, observaciones, ideas, procesos, los pasos que debes seguir para hacer las cosas que necesitas hacer... Se trata de ser tan fría y analítica como puedas. Sin juicios (esos van en el negro y el amarillo), sin emociones (eso va en el rojo), sin dejar volar tu imaginación (para eso es el verde). Una vez que ya no se te ocurra náda más que escribir en este último, cierra el cuadernito, guárdalo debajo de la almohada y vete a hacer otra cosa.



Duerme, cena, ve la TV, vete al trabajo, sal con algunos amigos, lo que sea. Por unas horas no te preocupes mucho por eso, y deja que tu propio subconciente lo siga procesando a su ritmo natural y orgánico. Simplemente sigue con tu vida normal como si nada.

Cuando te sientas más tranquilo y frío, saca el cuaderno, releé las 6 páginas, piensa si hay algo más que se te haya ocurrido agregar para cualquiera de ellas...

Y después de eso, intenta tomar alguna decisión.

Vas a ver que todo parece mucho menos complicado y abrumador.

(Pequeña nota final. El órden en que se encuentran los sombreros es relativamente importante. Pero no pierdas el sueño por ello. Es totalmente válido hacerlo en desórden. Saltarse de una página a otra, regresar y adelantarse un poco. Al final lo que importa es el contexto completo. El conjunto, más que sus partes independientes. Esa es la clave de este sistema.)

septiembre 08, 2011

Zonas de Confort

"Más vale malo conocido que peor por conocer."

Si, bueno, es mejor no arriesgarse. Las cosas podrían acabar mucho peor. ¿Para qué tentar al destino? Además, pues uno acaba por acostumbrarse. Y así está bien. Quizá no suene tan bien, pero ¿acaso no es mucho más tranquilo y estable de esa manera? Y encima te evitas tener que nadar contra-corriente, enfrentando las críticas, presiones y espectativas de los demás. El cambio es atemorizante. A nadie le gusta el cambio. ¿O sí?

Generalizando, el humano promedio es mediocre. No le va terriblemente bien, pero tampoco terriblemente mal. No tiene mucho de qué quejarse, pero tampoco mucho de qué presumir. De hecho, muchas veces incluso se jacta de lo bien que encaja entre la mayoría y lo mucho que hace "igual que todos".

Mi teoría personal al respecto es que la mayoría de las veces esta cuestión no tiene mucho que ver con falta de capacidad. En realidad salir de la mediocridad y alcanzar el máximo potencial de cada uno es mucho más fácil de lo que en general se piensa. Este problema está mucho más relacionada con cuestiones ideológicas, culturales.

Y básicamente se puede resumir en un patente miedo al cambio.

La persona lleva unos 3 o 4 años en esa relación. Posiblemente mucho más. Quizá al principio hubo mucha pasión e intensidad, pero eso se acabó hace varios años. Aunque eso es lo normal, ¿no? De hecho, su pareja en realidad no le atrae mucho físicamente, y sería difícil decir que la admira como persona. Podríamos decir que no le satisface al 100%. Incluso es posible que no pueda decir con toda sinceridad que aún ama a la otra persona. Pero no tiene muchas intenciones de dejarla.

No por falta de oportunidades, no. Muy seguramente tiene una o dos personas muy interesadas en ella. Y probablemente alguna de esas personas pueda gustarle o satisfacerle bastante más que su pareja actual. Pero no le interesan. No va a cambiar de pareja, sin importar qué. Pero, ¿por qué?

Pues es que no es tan sencillo. Ya llevan mucho tiempo juntos... Ya conocen a las respectivas familias. Sus círculos de amistades están bastante super-puestos. Tienen una gran historia, llena de anécdotas y experiencias. Y un gran futuro, lleno de planes y cosas por hacer. Y ni hablemos del aspecto práctico, pues resulta una relación bastante conveniente.

Pero ¿se dan cuenta de qué hace falta aquí? No hay pasión. No hay sueños. No hay satisfacción. No hay romance. No hay motivación.

Claro, lo más probable es que esta persona se justifique, esgrimiendo los clásicos argumentos de que "el amor y la pasión siempre se acaban", "así estoy bien, no necesito nada más", "para mí no son tan importantes esas otras cosas" y unos cuantos peores. Pero en el fondo nunca estará totalmente feliz.

Si la persona tiene pocos escrúpulos, muy probablemente ya haya engañado a la otra persona antes. Si no es que ya lo hace con cierta regularidad.

Y al final el resultado acaba siendo el mismo. La persona se queda ahí, estancada, en esa relación mediocre, pero de la que está sacando un beneficio que considera suficientemente valioso en algún aspecto. Y finalmente no aspira a más. No necesita más (y de todos modos no está dispuesta a pagar el precio necesario para obtener lo demás que pudiera necesitar).

¿Les suena esta historia? ¿Han conocido a alguien así? ¿Han caído en una relación así alguna vez? Son bastante comunes, me consta.

¿Y por qué? Visto desde afuera, realmente no suena tan divertido ni tan práctico.

Vamos, que el ser humano siempre hace las cosas porque está obteniendo algo a cambio. Pero ¿en verdad es tan imposible buscar relaciones en donde obtengamos eso que valoramos y más? ¿Hay que conformarse con una pequeña parte, convencidos de que lo demás no importa? ¿En verdad tienen que ser tan opuestos la conveniencia del amor? ¿La funcionalidad de la pasión? ¿La comodidad de la satisfacción?

Que digo, tampoco se pueden tener todas las glorias. Hay que enfrentar las cosas. Hay que esforzarse. Hay que romper paradigmas, enfrentar traumas y complejos (no siempre propios) y olvidar espectativas. Lo que vale la pena, cuesta.

Pero, precisamente, la raiz del problema es que la gente prefiere no pagar el precio, enfrentar los problemas, arriesgarse al cambio, salir de sus Zonas de Confort.

Una Zona de Confort es aquella situación en la que estás cómodo. Es lo que ya conoces, lo que dominas, lo que ya has hecho, a lo que estás acostumbrado, lo que no te implica esfuerzo ni riesgo. Es fácil, seguro, predescible, controlable.

¿Y saben qué es lo más curioso? La vida misma se encarga de echarnos encima las cosas, como olas intentando tirar nuestros frágiles y efímeros castillos de arena. La vida cambia. Las condiciones cambian. Las perspectivas cambian. Pero la gente no cambia. O, siendo más precisos, la gente sólo cambia cuando quiere cambiar. Y ese es el punto. Que a la gente (en su mayoría) no le gusta cambiar. Le tienen miedo al cambio.

Y entonces mejor se quedan ahí. En su Zona de Confort. Mediocres, insatisfechos, cómodos. Sin tomar riesgos, sin aprender nuevas cosas, sin sufrir nuevos rechazos, sin explosiones, impulsos, romance, placer, complicidad, esfuerzos...

¿Y pueden adivinar qué es lo más irónico? Que toda esta cuestión ni siquiera se limita al aspecto de las relaciones románticas. Podemos fácilmente extrapolarlo a todo tipo de conductas, actividades e intereses.

Y por eso la gran mayoría de la gente es mediocre.

agosto 05, 2011

Las Reglas del Juego

House was right! Todo mundo miente. Esas son las reglas del juego, y si pretendes establecer cualquier tipo de relación social necesitas entenderlo.

A veces la gente miente por conveniencia, porque una verdad sería demasiado complicada, incómoda, desagradable o simplemente inconveniente. A veces lo hace por compromiso, para cumplir con las costumbres, ritos y contratos sociales implícitos. A veces por mero cinismo, egoísmo o hasta malicia. El mayor problema es que muchas veces lo hace "sin querer", por hábito o pereza mental. La mentira les sale tan natural que ya ni siquiera se detienen a pensar si lo que están diciendo es verdad o no lo es. Lo peor es cuando incluso alguien se ve obligado a mentir, porque decir la verdad le traería problemas, consecuencias y repercusiones, debido a toda la impresionante cantidad de gente que no está preparada para lidiar con la verdad y prefiere que le digan lo que desea escuchar.

Por supuesto, parte del juego también consiste en negar todo esto. A nadie le gusta aceptar que miente compulsiva, regular y universalmente. Miente sobre las ideas que le vienen a la mente (sin que tenga mucho control real acerca de ello), miente sobre su estado de ánimo, miente sobre lo que dice que quiere (cuando en realidad en el fondo quiere algo totalmente distinto), miente sobre lo que opina de los demás, miente sobre lo que en realidad le molesta...

Mentir es malo, ¿no? Y socialmente está mal visto ser malo. Así que nadie miente. Todos somos buenos, inocentes, nobles y desinteresados.

¡Patrañas! Todo mundo hace las cosas porque obtiene algún beneficio a cambio. Todos. (Y que conste que ese beneficio no se limita a "recompensas materiales", pues a veces simplemente el obtener la satisfacción de algo que deseamos es suficiente. Pero ese es otro tema, y no vale la pena extenderse demasiado aquí.)

Y claro, a veces se complica por aquella situación de "no mentí, pero tampoco dije la verdad". Verdades a medias, evadir el tema, manipular la verdad, lo que sea. Al final el resultado es el mismo. No dices la verdad.

Por ejemplo. Hablemos del Gran y Rosado Elefante en la habitación. S-E-X-O

No cabe duda que es un tema treméndamente delicado, lleno de tabús, prejuicios, paradigmas y un gran montículo de mierda cultural heredada de forma injustificada. Aún en estos tiempos tan "modernos" sigue siendo un tremendo pretexto, tema incómodo y palabrota digna de agregar un montón de monedas a la jarra de las groserías.

El sexo es malo.

Las chicas buenas no hablan de sexo. Aunque en el fondo les gusta (hacerlo, disfrutarlo, entenderlo, hablar sobre él) tanto como al que más. Pero no, mejor de eso no hablemos, vayan a pensar mal. A fin de cuentas no es algo que sea importante, ni necesario, ni nada de eso, ¿verdad? ¿A quién le importa que por la falta de comunicación una buena cantidad de chicas acaben fustradas, insatisfechas, ignoradas y decepcionadas?

Los chicos malos no tienen otra cosa en la cabeza, y por lo tanto sólo pueden hablar de él. Y por eso, si un chico habla del tema automáticamente se asume que es un chico malo. Si un chico te dice que tiene ganas de tener sexo, es porque sólo le interesas para eso, y nada más. Y te botará cual envoltura de papel tan pronto como satisfaga sus bajas pasiones. Porque absolutamente todos los hombres carecen de la capacidad de tener más de un interés en esta vida, ¿verdad?

Por eso las chicas mienten, y prefieren decir que no, no les gusta. Porque mejor mentir y no que te crean una chica fácil, loca y rebelde, ¿no? Porque además así se ahorran la pesadez de aguantar los patéticos intentos de conquista de cuanto patán idiota intenta jugar un juego que no domina tan bien como piensa.

Y por eso los chicos mienten. Porque si directamente le dicen a una chica que les interesa el sexo, ella lo juzgará, se pondrá a la defensiva y automáticamente lo descartará totalmente. La cuestión es que harán eso así se trate de un patán que (efectivamente) sólo quería eso, o de un chico interesado también en muchos otros aspectos de ella (incluyendo, pero no limitándose, a éste en particular).

¿Y saben qué es lo que resulta de esto? Toda una inacabable (e inútil a mi parecer) red de mentiras.

Yo te miento para que no creas que sólo me interesa el sexo (sea o no sea verdad eso). Tú sabes perfectamente que yo estoy mintiendo, y que en realidad sí quiero eso. Pero es parte del juego. Tú me estás "midiendo", esperando a ver en qué momento cometo un error, me equivoco al seguir las reglas y pongo en evidencia que, de hecho, sí quiero sexo. Hasta que, finalmente, tú decides que ya pasé "la prueba" y que confías en mí lo suficiente como para que (ahora sí) hablemos de sexo. Linda recompensa que nos ganamos por nuestro invaluable esfuerzo.

Y viéndolo así es fácil saber cuál es el mayor problema de todo esto, ¿no?

Al final el juego recompensa al que lo sabe jugar mejor, no al que está siendo más honesto consigo mismo y con la otra persona. Ni siquiera al que lo merece. No. Al que miente mejor.

No sé ustedes, pero todo ese trámite, competencia y laberíntica exploración me parece una pérdida de tiempo bastante peligrosa. Toda una cascada de implicaciones, causas y consecuencias fundamentadas ni más ni menos que en mentiras. Y luego por qué las personas acaban volviéndose amargadas, cínicas o manipuladoras...

En fin. Sea como sea, esas son las reglas del juego. Si quieres jugar, tienes que aprender cómo funciona esto. Ya que uno lo odie con pasión es otra cosa.

Porque, curiosamente, cuando uno es lo suficientemente rebelde como para ir en contra de ese juego... Bueno, digamos que la gente está tan acostumbrada a jugar que si uno dice la verdad sencillamente no le creen. Automáticamente asumen que se trata de otra estrategia, mentira, truco, pantalla de humo.

No. Nadie dice la verdad. Di lo que quieras, pero yo no te voy a creer media palabra. Así tenga que ignorar toda la evidencia objetiva que exista y tenga al alcance de mi mano. La gente cree lo que quiere creer.

julio 19, 2011

La Cita de Hoy - Carnegie

Creo que ya he dejado mi postura al respecto a este tema bastante clara. Pero no está de más una buena cita para el día de hoy.

Preocupate más por tu carácter que por tu reputación. Tu carácter es lo que realmente eres, mientras que tu reputación es solo lo que los otros creen que tú eres.
Dale Carnegie

Y además, tiene relación directa con aquello de que puedes controlar tus propias ideas, reacciones y emociones, pero nunca las de los demás.

julio 15, 2011

El Beneficio de la Duda

Generalizando, la gente cree lo que quiere creer. Consecuentemente, la gente interpreta las cosas de la forma en que prefiere (o le conviene) verlas.

El principal problema de esto es que, precisamente, la gran mayoría se predispone y se vuelve un observador muy parcial. Si queremos ver lo bueno, nos hacemos de la vista gorda de todos los defectos (que eventualmente llegan a patearnos el trasero cuando les damos la espalda). Si queremos ver lo malo, desvaloramos totalmente todas las características positivas (y ya ni digamos las neutrales y relativas).

La cuestión es que esta apreciación tan subjetiva acaba siendo muy poco realista. No sólo observamos selectivamente aquello que se acerca a esa imagen mental que nos creamos, además proyectamos cosas de nuestra propia cosecha.

Es como crearse una película mental. Antes de que suceda la escena, ya nos sabemos los diálogos, intenciones, metas y problemas. Ya sabemos qué pasará y por qué. Y entonces la experiencia "real" es como una repetición de lo que esperamos que pase.

Por supuesto, el problema empieza cuando el otro actor se sale del guión. Cuando te has creado espectativas, si las cosas no salen como esperabas seguramente acabarás decepcionándote. Y de ahí todo es cuesta abajo.

El punto es que todo esto no dejan de ser Prejuicios (del latín praejudicium, "juzgado de antemano"). Proyecciones de la gente, que automáticamente asume que las cosas son como imagina. Decisiones tomadas antes de tiempo, sin tener toda la información necesaria. Juicios hechos de forma descontextualizada, sin ver el panorama más amplio y considerando aquello que en realidad desconocemos...

¿De verdad es tan difícil confiar un poco? ¿Imposible evitar caer en juicios apresurados? ¿Es tan escasa la confianza que mejor se dá con cuentagotas? ¿Acaso suena más sano estar siempre a la defensiva, malinterpretando y rechazando todo de forma automática?

¿Por qué no intentar por un momento tomar las cosas con la mente un poco más abierta? Darles el beneficio de la duda.

Puede que todo sea tan grave como nos tememos. Puede que no. Es realmente difícil saberlo a priori. ¿Por qué no hacer el intento? Con los ojos bien abiertos y siendo tan objetivos como sea posible, claro. Pero con esa mentalidad de "inocente hasta que se demuestre lo contrario".

Vamos, que a veces siento que esa paranoia cultural nos trae más problemas de los que resuelve, y nos priva de muchas situaciones muy agradables.

febrero 20, 2011

La Cita de Hoy - Jung

Ahora, una cita profunda y filosófica. Ah, y es de mi psicólogo favorito.

Sólo se volverá clara tu visión cuando puedas mirar en tu propio corazón. Porque quien mira hacia fuera sueña, y quien mira hacia adentro despierta.
Carl Jung

Uno de los principales problemas de vivir en una sociedad de filosofía occidental es que la introspección suele ser muy subvalorada (y malinterpretada).

enero 25, 2011

Dime cómo sí

En general es muy fácil decir cómo no.

"No puedo ir porque tengo otros compromisos importantes." "No puedo ayudarte porque no cuento con las herramientas necesarias." "No podré terminar a tiempo porque tengo muchos pendientes que cumplir." "No lo podré comprar porque no me alcanza el dinero." "No tiene caso que salgamos, porque no tenemos nada en común."

Decir cómo no es requete-fácil, ¿no? Cualquiera puede dar excusas, justificaciones, peros, condiciones. Siempre podremos encontrar razones por las cuales es mejor posponer (o incluso abandonar) cualquier tipo de proyecto, idea, plan o situación. Y claro, tendremos la conciencia "tranquila", porque (después de todo) tenemos esa lista kilométrica de todos esos "cómo no".

La cuestión es que en la práctica comenzar a pensar y explicar todos esos "cómo no" es en realidad una grán pérdida de tiempo.

¿De qué sirve quejarse? ¿Se solucionaron los problemas? ¿Mejoró la situación? ¿De verdad para poder hacer las cosas tendremos que esperar que la vida mágicamente nos solucione los problemas como por arte de magia? ¿Que los astros se conjuguen para que finalmente todo sea miel sobre hojuelas sin tener que esforzarnos en lo más mínimo?

Pues no. Al final quedamos igual que al principio (o peor).

Por el otro lado, buscar esos "cómo sí" es mucho más complicado. Implica (para empezar) ponerse a pensar en las cosas. Observar, analizar, comprender, estudiar, aprender, discriminar, usar nuestro criterio y experiencias. Y, por supuesto, la gente no piensa. O, por decirlo más adecuadamente, no les gusta pensar.

Implica un esfuerzo por encontrar soluciones a los problemas, y no peros o excusas para justificar la falta de resultados.

Y al final lo que importa son los resultados, no qué tan bien puedas explicar las mil setecientas cuatro razones de por qué no fue posible, deseable, realizable o práctico. Al final no importa el por qué no.

Y la psicología del asunto es muy curiosa, porque la mente humana funciona de una manera muy particular. Las palabras verdaderamente tienen mucho poder.

Cuando encuentras tu "cómo no", en realidad te estás dando permiso para fallar. Digo, tienes razones, ¿no? Ese "cómo no" es poderoso, lógico, obvio, llamativo... No es que tú no puedas o quieras, es que las circunstancias te lo impiden. En realidad sería prácticamente imposible, desgastante e infructuoso siquiera intentarlo. Pues mejor nos lo ahorramos y no hacemos ningún esfuerzo en vano, ¿no crees? ¿Y quién te puede culpar entonces por ni siquiera intentarlo?

Y la gente se predispone. Su mente se cierra a considerar siquiera la existencia de otras posibilidades alternas, otras rutas más prácticas o cortas, de posibles soluciones a todos esos problemas y complicaciones... (Y ya ni siquiera hablemos de la gente que realmente quiere decir que no, pero no se atreve, y por eso prefiere poner cuanta excusa le viene a la mente...)

Porque en realidad es bastante más cómodo y sencillo quedarse en lo conocido, en lugar de explorar y considerar lo desconocido. Cómodo, pero mediocre y poco efectivo. Y la gente se queda estancada, con las excusas perfectas pero muy pocos resultados.

¿Qué pasaría si, para variar, en lugar de ponerte a describir todas esas terribles, complicadas y muy lógicas razones de por qué no, mejor le dedicas unos cuantos minutos a pensar en mejores formas de como sí se podría lograr aquello que deseas?

Así, sin estar provocando que las paredes se vuelvan más altas e infranqueables. Al contrario, buscando las puertas, las ventanas... ¡Demonios! Al menos un punto de apoyo desde el que sea un poco más sencillo escalar la pared...

Intenta hacerlo la próxima vez. Cuando te enfrentes a un problema, una dificultad, una situación donde la vida se te complique. Cuando te descubras explicando por qué no podrás, date un par de minutos de descanso. Respira, tómate un cafecito, distráete un rato pensando en otras cosas... Y entonces regresa a pensar, pero esta vez concéntrate en buscar la mejor forma de que sí se logren las cosas.

No me digas cómo no. Dime cómo sí.

noviembre 26, 2010

El Complejo del Hijo Único

Tengo una teoría, que he llamado el Complejo del Hijo Único.

No la baso en ninguna investigación científica formal, ni cuento con profundos conocimientos de las disciplinas bio-psico-sociales. Sencillamente es una teoría que he ido formulando gracias a mi observación del comportamiento humano y las experiencias (positivas y negativas) que he tenido al tratar y conocer a algunas personas que se encuentran en ciertas condiciones muy específicas.

La hipótesis es sencilla:
Aquellas personas que no convivieron en igualdad de condiciones y en una relación cercana y directa con otras personas de características similares durante su periodo formativo (entre los 9 meses y los 6 años), presentan ciertas carencias en cuanto a sus capacidades de relación humana con sus semejantes.

En otras palabras. Cuando una persona no tiene hermanos (es hijo único), o cuando la diferencia de edades con sus hermanos es demasiado grande (en particular cuando es el pequeñín consentido de la familia), y no tiene amigos o primos muy cercanos de la misma edad, esta persona tiende a desarrollar este complejo.

Los problemas que presenta esta persona son varios:
  • Suele tener problemas para empatizar con los demás. Suele ser una persona introvertida, que pone como prioridad lo que ella misma siente, y la forma en que percibe las cosas, antes de pensar en cómo puede estar afectando lo que hace a los otros. "El león cree que todos son de su condición", y automáticamente asume que todos piensan y sienten igual que ella, y que lo que a ella le funciona, por fuerza también lo hará para todos los demás. Con facilidad proyecta sus propios miedos y problemas en los demás, y se le dificulta observar objetivamente qué es lo que en realidad les sucede a los otros.
  • Suele ser ligeramente egoísta. Aunque por lo general no lo es de forma conciente (muchas veces ni se da cuenta de esto), ni lo hace por agredir o degradar a los demás. Es reacio a compartir sus cosas personales, y no le gusta que otros invadan su espacio y territorio. Esto no lo hace por considerar a los demás inferiores, sino simplemente por ignorancia. No es que no le importen las necesidades de los demás, es que sencillamente no se ha dado cuenta que éstas existen.
  • Es relativamente egocéntrica. Como si el mundo girara alrededro de la persona, pierde fácilmente de vista que no todo es consecuencia de lo que ella misma piensa, siente o experimenta. Si alguien hace algo malo, se siente culpable porque percibe que fue su culpa. Si alguien se equivoca, se molesta al sentir el otro lo hizo intencionalmente para agredirla. Si alguien la contradice, se lo toma personal y suele insistir que el otro sólo quiere que piense igual que él. Siente que sus problemas son los realmente graves e importantes, y los de los demás son menos importantes y urgentes. ("Es que no estás sufriendo como yo. Tú no sabes lo que se siente algo así.")
  • Le desagrada trabajar en equipo. Siempre que se ve forzada a hacerlo, considera que "todos los demás hacen mal las cosas", y si le importa el resultado suele intentar hacerlo todo por sí misma. Le incomoda delegar y si el trabajo final no coincide con lo que tenía en mente siente que fue un fracaso.
  • No sabe pelear. Le cuesta mucho trabajo enfrentar los conflictos, pierde el control emocional con facilidad, se toma los ataques de forma muy personal y suele tener poco tacto para expresar sus ideas y argumentos ante la otra persona. Si el otro hace o dice algo que la lastima, la persona reacciona impulsiva e irracionalmente y se siente exageradamente agredida; si, por el contrario, ella fue la que agredió a la otra persona es probable que minimice el efecto en el otro lo que ella misma hizo ("no sé por qué te pones así, si no dije nada grave"), no entienda las reacciones del otro y hasta que crea que lo que hizo no fue nada malo.
  • No sabe perder. Cualquier desacuerdo se convierte fácilmente en una lucha de poder. Cualquier debate decae con facilidad en una guerra de egos. Si más de una persona está de acuerdo con lo contrario a lo que piensa, lo considera una conspiración en su contra. Suele defender sus ideas y paradigmas de forma bastante irracional.
  • Suele idealizar las situaciones. Se crea una imagen mental de cómo debería ser una situación, persona, idea, oportunidad... Se aferra a esa imagen, racionalizando su irracionalidad, argumentando que lo subjetivo es objetivo, descartando todo lo que a su criterio no considera adecuado y rechazando aquello que no se acerca al ideal. Y cuado se enfrenta a la realidad, y ésta no coincide con su idealización, fácilmente se frustra, amarga, enoja y deprime. Y posteriormente se muestra reacia a volver a enfrentar una situación similar, automáticamente asumiendo que los resultados serán los mismos que antes.
Nota importante: No toda aquella persona que fue hija única presenta este complejo, ni es requisito indispensable no tener hermanos para sufrir de él. Además las características anteriores son generalizaciones, y de individuo a individuo podrán presentarse en proporciones e intensidades diferentes.

Haber tenido hermano(s) no te excenta de poder tener alguna de esas carencias, pero generalmente en cierto momento te ayudó a enfrentar ese problema y te permitió aprender las técnicas y negociaciones necesarias para salir adelante.

    noviembre 10, 2010

    Máscaras

    (Esta entrada habría sido bastante apropiada para Halloween. Ni modo. ¡Demándeme!)

    Todos usamos máscaras. Son parte importante de la convivencia humana.

    Desde muy pequeños nos enseñan (directa o indirectamente) a vestirlas. Con el paso de los años, aprendemos a usarlas a nuestro favor. Y en ocasiones hasta terminamos por abusar de ellas, algunas veces con más éxito que en otras.

    Una máscara es básicamente un tipo de protección que tenemos para exponernos ante los demás. También es una herramienta para adaptarnos y "encajar". (Esto es importante, porque por lo general lo desconocido causa miedo, y una máscara es una buena manera de presentarnos de una forma más reconocible ante los demás.)

    Hay quien se acostumbra tanto a su máscara que comienza a perder la capacidad de quitársela. También hay quien le tiene tanto pánico a que los demás lo vean vulnerable que se la engrapa directamente sobre la piel. Y hay quien se tiene tanto miedo a sí mismo que aún en la soledad no se puede ver al espejo si no se ha colocado su máscara favorita sobre el rostro.

    Por supuesto, estos son casos extremos.

    La solución tampoco es irse al extremo contrario e ir por la vida "desnudos", mostrando nuestras intimidades a cuanto extraño se nos cruce por la calle. Sencillamente porque entonces ese tipo de cosas pierden bastante de su valor. (¿Qué tiene de especial, si cualquiera puede verlo?)

    De hecho, tengo la teoría de que por eso resulta mucho más seductora la lencería que cualquier bikini pequeñito y revelador. Pero eso es otro tema, y no viene al caso con lo que estamos analizando hoy.

    El punto es que, precisamente, quitarnos la máscara es un acto de intimidad, confianza, desapego, incluso una especie de "sumisión ritual". Y es un acto especialmente poderoso. (En especial cuando la otra persona corresponde al acto y también se quita la suya.)

    ¿Y saben qué es lo más curioso? Que precisamente ese acto de "sacrificar la máscara" frente a alguien más resulta algo sumamente fortalecedor. Empowerment, le dicen en la lengua de Shakespeare.

    Me quito esa armadura que me cubre como una forma de demostrarte que confío en ti, que tengo fé en que no me atacarás por la espalda cuando más vulnerable me encuentro. Y que, de hecho, me siento tan seguro de mí mismo que no me da tanto miedo descubrirme ante ti. Incluso si me traicionas y abusas de esa confianza que te estoy otorgando, será porque yo decidí darte la oportunidad y en mis términos. Ser vulnerable no está mal. Perder el control no está mal. En dado caso, lo que está mal es no responsabilizarse de las consecuencias de nuestros actos.

    No cualquiera está dispuesto, claro. Es entendible. No es fácil mostrarse vulnerable cuando anteriormente alguien ya ha pisoteado tan puro tesoro. Por más que uno racionalice y entienda las cosas, el corazón suele decir algo muy diferente. Y es normal aprender a quitar la mano cuando uno se ha quemado antes. La cosa es entender que lo que quema es el fuego bajo la olla, no la olla en sí. (¿O a poco no suena un poco ridículo no querer tocar nunca una olla, aunque esté más fría que una cerveza recién salida del refrigerador?)

    Además, el entender y aceptar esa decisión es lo que nos permite mejorar nuestra habilidad de cambiar de máscara según la situación lo requiera. Porque (algo que a mucha gente se le suele olvidar) la misma máscara no sirve igual de bien en todo momento, lugar y situación. La que en un contexto es la más ideal, en otro puede resultar bastante más contraproducente.

    Otro añadido de aprender a usar nuestras propias máscaras según la situación y el momento, es que esto también nos facilita observar cómo son las máscaras de los demás. Porque también hay que aprender a descubrir a la persona debajo de la máscara. No cualquiera será digno de confianza, ni sabrá valorar (y respetar) el "sacrificio" que implica quitársela.

    Es bueno quitarse el antifaz, pero primero hay que saber delante de quién.

    octubre 06, 2010

    Cambio de Perspectivas

    Hace exactamente 2 años 4 meses me operaron los ojos.

    Hasta ese momento, yo solía ser miope. Sip, básicamente desde la preparatoria comencé a usar lentes. Y, de hecho, usarlos me permitió darme cuenta de un par de fenómenos muy interesantes.

    El primero es que muchas veces no nos damos cuenta de la gravedad de los problemas que tenemos, sencillamente porque generalmente van creciendo de manera tan sutil que nos vamos acostumbrando a ellos. Yo no sabía que necesitaba lentes. De hecho pensaba que todo mundo veía así, y que era "normal". Por supuesto, cuando la gente se comenzó a dar cuenta de mis dificultades, para ellos que lo veían desde afuera resultó mucho más obvio.

    Y he notado que en general así pasa. Uno está tan acostumbrado, y el cambio es tan progresivo que no tenemos un punto claro de comparación. Tan sólo estás viendo un poco peor que ayer, muy poco en realidad. Y como ayer veíamos tan sólo un poco peor que antier, pues nos quedamos con esa sensación de que hoy veíamos igual de bien que antier... Y así el problema crece y crece y uno ni cuenta se da.

    El segundo fenómeno es mucho más simple. Uno no se da cuenta de cuánta gente necesita lentes hasta que comienza a usar unos. De verdad. Uno está tan conciente de sí mismo, de sus dudas y de sus preocupaciones por tener que usarlos, que pierde de vista lo común del problema. Pero entonces sucede que abrimos los ojos y vemos que una cantidad considerable de las personas que van caminando por la calle los usan.

    De hecho, hasta pareciera que son muchos más que antes. ¿Qué sucede? ¿Todo mundo se puso de acuerdo para comenzar a usarlos en el mismo momento? ¿O es que, de hecho, antes lo dábamos por sentado tanto que sencillamente no solíamos fijarnos en eso? Lo que obviamente cambia cuando el usar lentes ya no es algo tan poco importante...

    Pues bien... Quizá si todo mundo usara lentes alguna vez en su vida, en general tendríamos una apreciación un poco diferente de la forma en que solemos enfrentar los diferentes problemas personales que tenemos.

    (Ah, y por cierto... El único efecto secundario que me dejó la cirugía fue una molesta, aunque no demasiado grave fotofobia. Básicamente significa que cuando manejo de día necesito usar lentes oscuros, y que me sigo volviendo vampiro cada vez más.)
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