septiembre 08, 2011

Zonas de Confort

"Más vale malo conocido que peor por conocer."

Si, bueno, es mejor no arriesgarse. Las cosas podrían acabar mucho peor. ¿Para qué tentar al destino? Además, pues uno acaba por acostumbrarse. Y así está bien. Quizá no suene tan bien, pero ¿acaso no es mucho más tranquilo y estable de esa manera? Y encima te evitas tener que nadar contra-corriente, enfrentando las críticas, presiones y espectativas de los demás. El cambio es atemorizante. A nadie le gusta el cambio. ¿O sí?

Generalizando, el humano promedio es mediocre. No le va terriblemente bien, pero tampoco terriblemente mal. No tiene mucho de qué quejarse, pero tampoco mucho de qué presumir. De hecho, muchas veces incluso se jacta de lo bien que encaja entre la mayoría y lo mucho que hace "igual que todos".

Mi teoría personal al respecto es que la mayoría de las veces esta cuestión no tiene mucho que ver con falta de capacidad. En realidad salir de la mediocridad y alcanzar el máximo potencial de cada uno es mucho más fácil de lo que en general se piensa. Este problema está mucho más relacionada con cuestiones ideológicas, culturales.

Y básicamente se puede resumir en un patente miedo al cambio.

La persona lleva unos 3 o 4 años en esa relación. Posiblemente mucho más. Quizá al principio hubo mucha pasión e intensidad, pero eso se acabó hace varios años. Aunque eso es lo normal, ¿no? De hecho, su pareja en realidad no le atrae mucho físicamente, y sería difícil decir que la admira como persona. Podríamos decir que no le satisface al 100%. Incluso es posible que no pueda decir con toda sinceridad que aún ama a la otra persona. Pero no tiene muchas intenciones de dejarla.

No por falta de oportunidades, no. Muy seguramente tiene una o dos personas muy interesadas en ella. Y probablemente alguna de esas personas pueda gustarle o satisfacerle bastante más que su pareja actual. Pero no le interesan. No va a cambiar de pareja, sin importar qué. Pero, ¿por qué?

Pues es que no es tan sencillo. Ya llevan mucho tiempo juntos... Ya conocen a las respectivas familias. Sus círculos de amistades están bastante super-puestos. Tienen una gran historia, llena de anécdotas y experiencias. Y un gran futuro, lleno de planes y cosas por hacer. Y ni hablemos del aspecto práctico, pues resulta una relación bastante conveniente.

Pero ¿se dan cuenta de qué hace falta aquí? No hay pasión. No hay sueños. No hay satisfacción. No hay romance. No hay motivación.

Claro, lo más probable es que esta persona se justifique, esgrimiendo los clásicos argumentos de que "el amor y la pasión siempre se acaban", "así estoy bien, no necesito nada más", "para mí no son tan importantes esas otras cosas" y unos cuantos peores. Pero en el fondo nunca estará totalmente feliz.

Si la persona tiene pocos escrúpulos, muy probablemente ya haya engañado a la otra persona antes. Si no es que ya lo hace con cierta regularidad.

Y al final el resultado acaba siendo el mismo. La persona se queda ahí, estancada, en esa relación mediocre, pero de la que está sacando un beneficio que considera suficientemente valioso en algún aspecto. Y finalmente no aspira a más. No necesita más (y de todos modos no está dispuesta a pagar el precio necesario para obtener lo demás que pudiera necesitar).

¿Les suena esta historia? ¿Han conocido a alguien así? ¿Han caído en una relación así alguna vez? Son bastante comunes, me consta.

¿Y por qué? Visto desde afuera, realmente no suena tan divertido ni tan práctico.

Vamos, que el ser humano siempre hace las cosas porque está obteniendo algo a cambio. Pero ¿en verdad es tan imposible buscar relaciones en donde obtengamos eso que valoramos y más? ¿Hay que conformarse con una pequeña parte, convencidos de que lo demás no importa? ¿En verdad tienen que ser tan opuestos la conveniencia del amor? ¿La funcionalidad de la pasión? ¿La comodidad de la satisfacción?

Que digo, tampoco se pueden tener todas las glorias. Hay que enfrentar las cosas. Hay que esforzarse. Hay que romper paradigmas, enfrentar traumas y complejos (no siempre propios) y olvidar espectativas. Lo que vale la pena, cuesta.

Pero, precisamente, la raiz del problema es que la gente prefiere no pagar el precio, enfrentar los problemas, arriesgarse al cambio, salir de sus Zonas de Confort.

Una Zona de Confort es aquella situación en la que estás cómodo. Es lo que ya conoces, lo que dominas, lo que ya has hecho, a lo que estás acostumbrado, lo que no te implica esfuerzo ni riesgo. Es fácil, seguro, predescible, controlable.

¿Y saben qué es lo más curioso? La vida misma se encarga de echarnos encima las cosas, como olas intentando tirar nuestros frágiles y efímeros castillos de arena. La vida cambia. Las condiciones cambian. Las perspectivas cambian. Pero la gente no cambia. O, siendo más precisos, la gente sólo cambia cuando quiere cambiar. Y ese es el punto. Que a la gente (en su mayoría) no le gusta cambiar. Le tienen miedo al cambio.

Y entonces mejor se quedan ahí. En su Zona de Confort. Mediocres, insatisfechos, cómodos. Sin tomar riesgos, sin aprender nuevas cosas, sin sufrir nuevos rechazos, sin explosiones, impulsos, romance, placer, complicidad, esfuerzos...

¿Y pueden adivinar qué es lo más irónico? Que toda esta cuestión ni siquiera se limita al aspecto de las relaciones románticas. Podemos fácilmente extrapolarlo a todo tipo de conductas, actividades e intereses.

Y por eso la gran mayoría de la gente es mediocre.

2 comentarios:

Montserrat dijo...

No sabes cuántas veces he escuchado ese patético argumento: "el amor y la pasión se acaban". Me enfurece. Yo sólo puedo contestarles: "¡Se te acabó A TI, pendej@!" ¿Por qué tienen que generalizar? ¿No se les ocurre algo más original para justificar su infelicidad e ineptitud?

Lobo Gris dijo...

Exacto! Argh!!!

Es como cuando alguien te dice "yo ya cumplí todas mis fantasías sexuales". Eso no te hace "experimentado", esto te hace "poco creativo". Argh!!!

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