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octubre 18, 2013

El Sexo y las Patatas

Leído por ahí en internet:


"Tener sexo es como cocinar patatas.

Hay una cantidad casi infinita de maneras de cocinarlas, pero ninguna es inherentemente inferior (o superior) a cualquier otra (a menos que involucren algún tipo de daño permanente para los involucrados).

Hay algunas reglas básicas de seguridad que siempre deberían ser seguidas (lávalas antes de meterlas a la boca, y ten cuidado con el fuego y los cuchillos), y algunas situaciones específicas que requerirán de reglas específicas (ninguna otra persona tiene la obligación de comerse lo que tú cocines).

Sin embargo, en general, personas diferentes tendrán diferentes preferencias, estilos y necesidades.

Y todo eso está bien.

Hazlo como mejor te funcione, y si algo no te gusta, deja de hacerlo de esa manera."

(Estúpida y sensual patata. u_u )

septiembre 06, 2013

Un (mal) mensaje a un (hipotético) hijo

Uno de mis contactos en el Facebook publicó un vínculo a un artículo que me dejó meditando bastante.

Lo resumo en tres palabras: no me gustó.

Me explico. Entiendo la intención detrás del escrito, y la comparto totalmente. Es fundamental pasar a nuestros hijos (principalmente a los varones) una visión respetuosa, completa e igualitaria de las mujeres. (Y de los seres humanos en general, de hecho.)

El problema es la forma en que transmite el mensaje.

Primero, me chocó algo esa actitud pretenciosa de "no tengo hijos, pero ¡miren qué buen padre seré algún día!". Pero bueno. Vale. Se la compro. Imaginemos el hipotético caso de que el autor tiene un hijo y pretende hablar con él del tema.

Descubre al adolescente (porque asumo que el hipotético crío ya es todo un buen adolescente lascivo y curioso) "siguiendo con los ojos al objeto de su lujuria". (Ya desde aquí tengo mi primer objeción. Mirar a alguien con lujuria no es sinónimo de objetificarlo. Muchas veces van de la mano, pero también es bastante común encontrar uno u otro de forma totalmente independiente.) ¿Y qué hace nuestro abnegado padre de familia? Lo jala para darle una agradable (e intencionalmente incómoda) charla de hombre a hombre.

Y empieza a "enseñarle" cómo debe tratar a una mujer. Leyendo literalmente, podemos encontrar una sensata y bastante atinada crítica a la cultura machista, objetificante y privilegiada en que desafortunadamente nos tocó vivir. Quizá un poco grandilocuente y petulante, pero cubre todas las bases.

Y ahí va mi siguiente gran problema. Si lo leemos dentro del contexto que se nos está presentando... ¿Entonces ese hipotético hijo adolescente ya es uno más de esos privilegiados individuos que objetifican a las mujeres, las culpan por su propia falta de control y las ven como inferiores a ellos? ¿Y el padre apenas está haciendo algo al respecto?

Porque esa postura se aprende, no surge espontáneamente.

Regularmente la comienzas a aprender a una edad basante temprana de tu figura paterna más influyente (regularmente, tu padre). Pero asumamos que el autor es hipotéticamente un hombre sensible, igualitario, respetuoso, y que (en contra de sus propios instintos) nunca de los nuncas ve a una mujer con lujuria. Porque, según el autor, eso hace que automáticamente la hayas objetificado. Porque no existe algo parecido a "el placer de simplemente disfrutar de la belleza de otra persona", y pensar en sexo mientras observas las curvas de una atractiva fémina en la calle te pone en el mismo plano que los hijos de puta que justifican una violación con estupideces al estilo "traía una mini-falda y un gran escote, ¡ella lo estaba pidiendo!".

¿Entonces por qué esperar? ¿Por qué apenas está hablando con el hijo del tema? ¿Ya que ha visto a una mujer e incurrido en los graves pecados culturales de los que se está quejando? ¿Por qué no antes? Desde que era un niño pequeño, antes de que lo "programaran incorrectamente" las presiones sociales, la mala información obtenida fuera de contexto a través "amigos", figuras públicas y situaciones nocivas transmitidas por los medios... Claro, "ya ahogado el niño..."

¿Se entiende por qué me molesta el artículo y me parece más una inútil masturbación mental, donde el autor busca subirse el ego esperando que la gente le diga cosas como "qué culto, civilizado, respetuoso, igualitario y sensible individuo eres, a pesar de estarte jactando de no haber hecho nada para evitar la situación que criticas hasta que ha sido demasiado tarde en la ficticia situación que narraste"?

Desear a alguien no te hace objetificarlo. Pensar que ese alguien es inferior a ti, tiene menos derechos o tiene la obligación de "satisfacer" ese deseo sin importar sus propios deseos y necesidades... Eso sí es objetificarlo.

El problema no es quedarte viendo el atractivo cuerpo de una persona. El problema es hacerlo en una situación donde esa persona se sentirá poco respetada, degradada, usada, ignorada...

¿No odian esa mala costumbre de llevar las cosas a los extremos y presentar falsas dicotomías más dañinas que funcionales?

Yo sí.

End of Rant.

diciembre 05, 2012

¿Y por qué no?

De hecho...

noviembre 30, 2012

La Cita de Hoy - Jung

¿Qué pasa cuando la psicología y la química se juntan?

El encuentro entre dos personas es como el contacto entre dos sustancias químicas: si si se produce una reacción, ambas se transforman.
Carl G. Jung

Y las mejores relaciones son aquellas donde la transformación es aditiva y positiva.

noviembre 10, 2012

Una mujer...


Una mujer es como la música.
Hay que saber tocarla.
Hay que saber escucharla.
Hay que saber apreciarla.
Comprender sus Altos y sus Bajos
y sentir cómo te llena de Alegría
con tan sólo su presencia.

julio 23, 2012

Hablemos de Sexo

Si de algo no hay duda, es de que en el sexo la buena comunicación es uno de los aspectos más importantes y trascendentales. Mientras mejor comunicación haya con tu pareja de cama, mayor será la posibilidad de que ambos pasen un rato de mucho placer y satisfacción.

Por supuesto, el aprender a leer el lenguaje corporal y las reacciones fisiológicas de la persona (como por ejemplo, el ritmo de su respiración, la forma en que se contrae o se relaja en diferentes momentos, las expresiones de su rostro, sus vocalizaciones y demás) es fundamental. Y también lo es aprender a distinguir entre lo genuino y lo fingido. (Recuerda. Dos reglas básicas: no mientas y no asumas.)

Hablando sucioPero hay otra forma de comunicación en extremo obvia, que generalmente es bastante subestimada y dejada a un lado: la comunicación verbal.

Para la mayoría de la gente, en la mayoría de las situaciones, hablar (abierta y explícitamente) de sexo suele parecerles inusual, incómodo y hasta vergonzoso.

La cuestión es, precisamente, tener en mente cuáles son los diferentes recursos verbales con que contamos para hablar de sexualidad humana. Básicamente hay cuatro grandes tipos de lenguajes, y un quinto mucho más ambiguo, personal y subjetivo. Entender las diferencias nos puede ayudar enormemente a determinar cuál es el más conveniente y cómodo en cada situación específica.

El primero es el lenguaje científico. Médicamente adecuado, preciso y clínico. Se usa para presentar información exacta, demostrar conocimiento y crear cierta distancia. Es el nombre "correcto" de las cosas, si bien puede llegar a sonar algo seco y cortante. Ejemplos: coito, orinar, pene, mamas...

Niña pequeñaEl segundo es el lenguaje familiar. El tipo de lenguaje que usarías al hablar del tema con tu tía abuela, tu hijo de 3 años o sus amiguitos del preescolar. Evita las confrontaciones, usa eufemismos para evitar ofender, políticamente correcto y a veces algo tonto o infantil. Ejemplos: hacer "cositas", hacer pipi, pajarito, pechos...

El tercero es el lenguaje común. El que usas con tus iguales para hablar de tu propio cuerpo y acciones. Se usa para reflejar una actitud casual, crear cierta compenetración y expresar conexión o humor. Ejemplos: tener sexo, hacer pis, pito, bubis...

El cuarto es el lenguaje vulgar. Empático, colorido, descarado, provocativo, burdo. Se suele usar para demostrar vigor, pasión, excitación, pero también para oprimir, denigrar e insultar. Ejemplos: follar, miar, verga, tetas...

(Nota: los ejemplos son algunos de los términos más comunes e idiosincráticos en México. En otros países, o incluso en regiones particulares del mismo, pueden llegar usarse otros muy diferentes.)

SeduciendoEl quinto es el lenguaje de la seducción. Único para cada pareja de amantes, e incluso puede variar en diferentes situaciones y encuentros de la misma pareja. Lo que para algunos puede sonar treméndamente sexy e incitante, para otros podrá resultar demasiado grosero o tonto. También dependerá mucho del humor en que se encuentre cada uno y el momento particular.

No es fácil de definir, porque no va dirigido a personas fuera de la pareja. Muy seguramente incluirá vocablos de todos los lenguajes anteriores, y también suele incluir bromas personales y dobles sentidos que sólo ellos entenderán.

De hecho, buena parte de la diversión consiste justamente en ir creando, desarrollando y descubriendo ese lenguaje compartido, íntimo, privado y especial. Una gran herramienta para crear la complicidad necesaria para que todo esto no se vuelva mecánico y aburrido.

Así, pues, hay que perderle el miedo a hablar del sexo. En especial porque "al que no habla, Dios no lo oye". Porque de vez en cuando es divertido jugar a las insinuaciones, las indirectas y el poder comunicarnos con los demás sin tener que hablar, pero ¿a poco una buena conversación "en cristiano" no resulta algo mucho más cómodo, práctico, rápido y natural?

Entonces, ¿ya sabes qué vas a decir (y cómo) la próxima vez que alguien más mencione el tema?

abril 03, 2012

Y no se diga más!

Oral sex meme No sé, no sé... Yo como que sigo pensando que el tamaño es algo demasiado relativo. Y están perdiendo de vista el punto más importante de todo el asunto.

enero 31, 2012

Bésame mucho

Para una hermosa mujer cuyos
adictivos besos me vuelven loco.

Los labios humanos son un órgano sumamente curioso.

Ex-noviaDesde el punto de vista funcional, tienen más bien poca relevancia biológica. Podríamos llevar a cabo absolutamente todas nuestras funciones vitales los tuviéramos o no. Y sin embargo son una singular muestra de ingeniería natural. Por un lado, los músculos que los controlan son en buena parte los encargados de transmitir emociones y sentimientos por medio de los gestos del rostro. Y por el otro, contienen extensas y delicadas terminales nerviosas, apenas cubiertas por una delgada capa de piel (de un grosor aproximado de una quinta parte de aquella que cubre el resto de la cara).

Es por eso que algunos científicos e investigadores han hecho la hipótesis de que es posible que su razón de existir (desde el punto de vista evolutivo) esté directamente relacionada con la emisión y recepción de estímulos sensuales y emocionales. Efectivamente su función es casi exclusivamente el servir como una de las principales zonas erógenas del cuerpo.

No sorprende entonces que el beso sea una muestra casi universal de afecto, compromiso e intimidad entre los seres humanos.

Los besos han sido un importante tema de estudio para filósofos, científicos, poetas y hedonistas desde tiempos inmemoriales. Sus implicaciones y trascendencia ha ido cambiando según el contexto histórico-cultural, pero siempre han representado algo bastante significativo para la mayoría.

Y es que un beso puede llegar a significar una infinidad de cosas. Una recompensa, una muestra de afecto, un voto de confianza, una promesa, un saludo, una despedida, una disculpa, un perdón, un momento de placer, un pacto sin palabras, una caricia, un consuelo, un regalo, una señal, una costumbre, una obligación, un compromiso... Todo depende del contexto en que se dé.

Hay besos suaves, dulces, cálidos, cariñosos, lentos, fríos, dolorosos, juguetones, apasionados, intensos, húmedos, ansiosos, rápidos, espontáneos, calculados, excitantes, vacíos, rebosantes, amorosos, definitivos, insistentes, seductores, placenteros, deliciosos, salados, explosivos, inesperados, deseados, soñados, infinitos, eternos...

¿Y tú qué tipo de besos prefieres?

enero 23, 2012

Me lo encontré por ahí en internet...

Quédate con un hombre...

1. Que te prometa hacerte reir mucho cuando sean viejos.

2. Que te diga que está orgulloso de ti todos los días.

3. Que ponga tu felicidad al mismo nivel que la suya.

4. Que use adjetivos positivos al describir su relación.

5. Que al hablar de su futuro contigo diga "cuando" y no "si acaso...".

noviembre 22, 2011

Ceder

Es bien sabido que me gusta quejarme de los vicios y carencias con los que la sociedad occidental nos ha programado desde nuestra más tierna infancia. Paradigmas heredados de otras épocas y aceptados por la mayoría sin el menor cuestionamiento. Prejuicios pernicosos soltados con la mayor inconciencia. Resistencias cómodas y fácil mediocridad.

Uno de los vicios más pernicosos es esa incapacidad de saber perder, alimentada por un patente sentimiento de inferioridad cultural. Si pierdo soy menos que tú, si soy menos que tú no valgo. Sólo vale el que está hasta arriba. No importan las condiciones, el contexto, las capacidades. Importa el orgullo herido y el "no dejarse" por los demás.

Y es que hasta cierto punto está bien. Uno debe aprender a defenderse, a no ser tan pasivo ni sumiso. Hay que defender nuestros derechos y exigir que seamos tratados de forma justa. Pero la gente se acostumbra y lo vuelve su forma de vida. Y ya deja de ser una defensa y se convierte en una ofensa. Tengo que ganar. Siempre. Al costo que sea.

¿Y en realidad vale la pena? ¿En verdad?

¿Cuántas veces no ha pasado que con tal de "no perder" nos metemos en más problemas, discusiones sin sentido, acabamos hiriendo a los que amamos y al final la satisfacción de "ganar" resulta algo hueca y hasta incompleta? Dicen por ahí que "la cima es un lugar demasiado solitario..."

Bueno, pero ¿entonces? Ya la vez anterior hablaba de aprender a perder. Pero hay ocasiones en las que no debemos o queremos perder. Y sin embargo, puede que continuar peleando resulte demasiado problemático. ¿Qué solución hay?

Hay que aprender a ceder. "Mmm... Pero si eso es exactamente lo mismo." No. No lo es.

Perder implica que otra persona ha impuesto sus propios términos ante nosotros. Ceder implica que nosotros le otorgamos la victoria (en nuestros términos).

Perder sucede cuando nuestras capacidades, conocimientos o condiciones no son las idoneas. Ceder es cuando nosotros decidimos abandonar una lucha que ya no nos reportará suficientes beneficios.

Perder quiere decir que nuestro oponente pudo resistir por más tiempo a nuestros embates. Ceder significa que preferimos no gastar inútilmente energía que podríamos estar aprovechando para mejores fines.

Perder es que alguien más te quitó de las manos aquello que querías. Ceder implica que lo has dejado ir voluntariamente (y con ello le has quitado peso simbólico y emocional).

Perder significa pelear hasta morir (literal o figurativamente). Ceder implica retirarte para pelear otro día.

Perder implica derrota e inflexibilidad. Ceder implica compromiso y responsabilidad.

Nótese que en ningún momento he dicho que ceder signifique rendirte. Es más una cuestión de aprender a escoger tus peleas.

Y tú, cuando sabes que la otra persona no va a cambiar sus intenciones o manera de pensar, ¿pierdes o cedes?

octubre 26, 2011

El Jardín de la Locura

Aparece y tu estómago se llena de mariposas, tus ojos de brillo y tus momentos de sueños y deseos. No puedes (ni quieres) que salga de tu mente. Tus hormonas hierven y tu pulso se acelera. Sientes que tus manos alcanzan el Cielo, tu vehemencia reta al Infierno y tus latidos ahogan todo el ruido del Mundo.

Te ve y el dolor desaparece. Te toca y el tiempo se detiene. Todo a su alrededor pierde importancia, y pareciera emborronarse, alejarse, desaparecer. Su calor, su aroma, su voz, su sonrisa, su mirada. Eso es todo lo que importa en esos momentos.

Miles de ángeles y demonios te rodean en todo momento. (El Bosco estaría orgulloso.) Tú no los puedes ver, pero los puedes sentir. Tentándote, inspirándote, llevándote a la Última Perdición y a la Gloria Eterna instante a instante. Todo o nada. Vivir y morir. Aprender y olvidar.

Deseas con toda el alma ser una mejor persona. Poder ofrecerle toda tu fuerza, toda tu pasión, todo tu discernimiento, toda tu comprensión. Proteger, enseñar, complacer, provocar, sentir...

Locura. Pierdes la cabeza y un poco más. Y no es que no puedas tener control de tus emociones. Es que resulta más sencillo y placentero dejarlas correr libres y sin ataduras. Porque una parte de ti puede sentir sin tener que verlo la forma en que te está correspondiendo. Es recíproco, intenso, cómodo, mágico. Ambos lo sienten, lo saben, lo desean.

Y repentinamente es como si abrieras los ojos por primera vez. Como si descubrieras en un instante el verdadero significado de la belleza, el placer, la iluminación, la vida... El mundo es un jardín, hermoso y salvaje.

Has llegado al punto sin retorno. Has saltado al vacío, y cualquier tipo de temor o duda resultan irrelevantes. Has caído en la divina trampa. Te has enamorado.

Welcome to the Garden of Madness!

octubre 15, 2011

Cómo tratar a las mujeres

De verdad. ¡Es tan treméndamente fácil! Yo sigo sin comprender cómo es que tan pocos hombres se han tomado la molestia de intentar entender esto un poquito mejor. ¿Por qué será?


septiembre 29, 2011

A tu servicio

Hola. Soy el padre de tus futuros hijos, encantado de conocerte.

Sé que es demasiado repentino, y de seguro piensas que estoy loco de remate. Mejor olvida lo que dije, ¿de acuerdo? Has como si no hubiera dicho absolutamente nada.

Pero pues ¿qué te puedo decir que no te hayan dicho ya antes? Porque seguro una exquisita Diosa encarnada como tú ya lo ha escuchado todo, lo sé bien.

¿Y quién soy yo para venir a repetirte halagos fáciles y piropos extraños? Nadie, nadie. Sólo ignora al hombrecillo detrás de la cortina, ¿de acuerdo?

Ok, de hecho no. No me ignores. Escúchame. Analízame. Dame el beneficio de la duda. Ve mis ojos y dime que lo que te digo no viene directamente de mi corazón y no estoy siendo totalmente sincero. ¿Puedes verlo?

Bueno, de acuerdo. Te diré quién no soy.

No soy el Príncipe Azul que viene en su blanco corcel a salvarte de tu terrible destino. No soy un creído conquistador buscando una marca más en su revolver. No soy el impositivo macho que busca una sumisa hembrita que haga sólamente lo que sea su voluntad. Y definitivamente no soy alguien común y parecido a cualquier otra persona que hayas conocido antes.

Si, por supuesto, soy un Príncipe. Pero un príncipe oscuro, rebelde, inteligente, diferente, auténtico, ecléctico, exigente, sarcástico, generoso, independiente, empático. El Príncipe de las Sombras.

Soy el galante caballero que peleará por ti contra viento y marea, pero que no piensa ir a rescatarte de la torre en la que lo esperas cómoda y pasivamente.

Soy el chico malo que sí vas a querer presentarle a tu madre.

Soy la mala influencia que te empujará a romper tus paradigmas y a desdeñar a la zoociedad.

Soy el antagonista que te cuestionará y te hablará con la verdad absoluta, y que nunca aceptará un "porque sí" por respuesta.

Soy el Dios encarnado que pondrá tu mundo de cabeza, y el humilde servidor que te cortejará permanentemente con infinita adoración.

Soy esa odiosa espina que se clava e incomoda, pero que cada vez deseas menos sacarte de encima.

Soy el geek que querrá saberlo y entenderlo todo de ti, sin juzgar ni rechazar. El curioso relojero que busca comprender por qué haces "tic-tac".

Soy el amante que te hará tocar el cielo con las manos tan seguido como creas soportarlo.

Si, estoy loco. Completa y absolutamente desquiciado. Y orgulloso de serlo. Porque en mi locura he encontrado una pequeñísima esquirla de iluminación. Porque ser diferente de lo "normal" me enorgullece y me permite ver las cosas desde afuera de la caja.

Mejor o peor, no lo sé. Pero definitivamente diferente.

Pero no. De verdad. Olvida todo lo que he dicho. Estoy loco, ¿recuerdas? ¿Y quién puede creerle a un loco que no sea otra loca? Y seguro que tú no estás loca. ¿O si?

¡Nah! Olvida que he abierto mi gran bocota. ¿Quién soy yo para decirte nada? Porque yo sólo sé que no sé nada.

Y pues bueno... Así es como son las cosas.

¿No crees?

¿O qué?

¿Sigues pensando en eso?

¿No logras olvidar lo que te he dicho antes, a pesar de que te pedí que lo olvidaras?

Bien. Eso significa que no estaba hablando con una pared. No me gustan las paredes, ¿sabes?

Y si. Soy insoportable. Te dije que sería una incómoda e intrigante espina. ¿O no?

Pero así son las cosas. Y aquí es donde te toca a ti dar el siguiente paso. Alejarte de este arrogante loco que cree que puede venir tan campante a cambiarte la vida. O reir de mi descaro y humor ácido, darme un golpe en el brazo por impertinente y responderme una simple pero importante pregunta. ¿Y tú quién eres?

septiembre 08, 2011

Zonas de Confort

"Más vale malo conocido que peor por conocer."

Si, bueno, es mejor no arriesgarse. Las cosas podrían acabar mucho peor. ¿Para qué tentar al destino? Además, pues uno acaba por acostumbrarse. Y así está bien. Quizá no suene tan bien, pero ¿acaso no es mucho más tranquilo y estable de esa manera? Y encima te evitas tener que nadar contra-corriente, enfrentando las críticas, presiones y espectativas de los demás. El cambio es atemorizante. A nadie le gusta el cambio. ¿O sí?

Generalizando, el humano promedio es mediocre. No le va terriblemente bien, pero tampoco terriblemente mal. No tiene mucho de qué quejarse, pero tampoco mucho de qué presumir. De hecho, muchas veces incluso se jacta de lo bien que encaja entre la mayoría y lo mucho que hace "igual que todos".

Mi teoría personal al respecto es que la mayoría de las veces esta cuestión no tiene mucho que ver con falta de capacidad. En realidad salir de la mediocridad y alcanzar el máximo potencial de cada uno es mucho más fácil de lo que en general se piensa. Este problema está mucho más relacionada con cuestiones ideológicas, culturales.

Y básicamente se puede resumir en un patente miedo al cambio.

La persona lleva unos 3 o 4 años en esa relación. Posiblemente mucho más. Quizá al principio hubo mucha pasión e intensidad, pero eso se acabó hace varios años. Aunque eso es lo normal, ¿no? De hecho, su pareja en realidad no le atrae mucho físicamente, y sería difícil decir que la admira como persona. Podríamos decir que no le satisface al 100%. Incluso es posible que no pueda decir con toda sinceridad que aún ama a la otra persona. Pero no tiene muchas intenciones de dejarla.

No por falta de oportunidades, no. Muy seguramente tiene una o dos personas muy interesadas en ella. Y probablemente alguna de esas personas pueda gustarle o satisfacerle bastante más que su pareja actual. Pero no le interesan. No va a cambiar de pareja, sin importar qué. Pero, ¿por qué?

Pues es que no es tan sencillo. Ya llevan mucho tiempo juntos... Ya conocen a las respectivas familias. Sus círculos de amistades están bastante super-puestos. Tienen una gran historia, llena de anécdotas y experiencias. Y un gran futuro, lleno de planes y cosas por hacer. Y ni hablemos del aspecto práctico, pues resulta una relación bastante conveniente.

Pero ¿se dan cuenta de qué hace falta aquí? No hay pasión. No hay sueños. No hay satisfacción. No hay romance. No hay motivación.

Claro, lo más probable es que esta persona se justifique, esgrimiendo los clásicos argumentos de que "el amor y la pasión siempre se acaban", "así estoy bien, no necesito nada más", "para mí no son tan importantes esas otras cosas" y unos cuantos peores. Pero en el fondo nunca estará totalmente feliz.

Si la persona tiene pocos escrúpulos, muy probablemente ya haya engañado a la otra persona antes. Si no es que ya lo hace con cierta regularidad.

Y al final el resultado acaba siendo el mismo. La persona se queda ahí, estancada, en esa relación mediocre, pero de la que está sacando un beneficio que considera suficientemente valioso en algún aspecto. Y finalmente no aspira a más. No necesita más (y de todos modos no está dispuesta a pagar el precio necesario para obtener lo demás que pudiera necesitar).

¿Les suena esta historia? ¿Han conocido a alguien así? ¿Han caído en una relación así alguna vez? Son bastante comunes, me consta.

¿Y por qué? Visto desde afuera, realmente no suena tan divertido ni tan práctico.

Vamos, que el ser humano siempre hace las cosas porque está obteniendo algo a cambio. Pero ¿en verdad es tan imposible buscar relaciones en donde obtengamos eso que valoramos y más? ¿Hay que conformarse con una pequeña parte, convencidos de que lo demás no importa? ¿En verdad tienen que ser tan opuestos la conveniencia del amor? ¿La funcionalidad de la pasión? ¿La comodidad de la satisfacción?

Que digo, tampoco se pueden tener todas las glorias. Hay que enfrentar las cosas. Hay que esforzarse. Hay que romper paradigmas, enfrentar traumas y complejos (no siempre propios) y olvidar espectativas. Lo que vale la pena, cuesta.

Pero, precisamente, la raiz del problema es que la gente prefiere no pagar el precio, enfrentar los problemas, arriesgarse al cambio, salir de sus Zonas de Confort.

Una Zona de Confort es aquella situación en la que estás cómodo. Es lo que ya conoces, lo que dominas, lo que ya has hecho, a lo que estás acostumbrado, lo que no te implica esfuerzo ni riesgo. Es fácil, seguro, predescible, controlable.

¿Y saben qué es lo más curioso? La vida misma se encarga de echarnos encima las cosas, como olas intentando tirar nuestros frágiles y efímeros castillos de arena. La vida cambia. Las condiciones cambian. Las perspectivas cambian. Pero la gente no cambia. O, siendo más precisos, la gente sólo cambia cuando quiere cambiar. Y ese es el punto. Que a la gente (en su mayoría) no le gusta cambiar. Le tienen miedo al cambio.

Y entonces mejor se quedan ahí. En su Zona de Confort. Mediocres, insatisfechos, cómodos. Sin tomar riesgos, sin aprender nuevas cosas, sin sufrir nuevos rechazos, sin explosiones, impulsos, romance, placer, complicidad, esfuerzos...

¿Y pueden adivinar qué es lo más irónico? Que toda esta cuestión ni siquiera se limita al aspecto de las relaciones románticas. Podemos fácilmente extrapolarlo a todo tipo de conductas, actividades e intereses.

Y por eso la gran mayoría de la gente es mediocre.

agosto 05, 2011

Las Reglas del Juego

House was right! Todo mundo miente. Esas son las reglas del juego, y si pretendes establecer cualquier tipo de relación social necesitas entenderlo.

A veces la gente miente por conveniencia, porque una verdad sería demasiado complicada, incómoda, desagradable o simplemente inconveniente. A veces lo hace por compromiso, para cumplir con las costumbres, ritos y contratos sociales implícitos. A veces por mero cinismo, egoísmo o hasta malicia. El mayor problema es que muchas veces lo hace "sin querer", por hábito o pereza mental. La mentira les sale tan natural que ya ni siquiera se detienen a pensar si lo que están diciendo es verdad o no lo es. Lo peor es cuando incluso alguien se ve obligado a mentir, porque decir la verdad le traería problemas, consecuencias y repercusiones, debido a toda la impresionante cantidad de gente que no está preparada para lidiar con la verdad y prefiere que le digan lo que desea escuchar.

Por supuesto, parte del juego también consiste en negar todo esto. A nadie le gusta aceptar que miente compulsiva, regular y universalmente. Miente sobre las ideas que le vienen a la mente (sin que tenga mucho control real acerca de ello), miente sobre su estado de ánimo, miente sobre lo que dice que quiere (cuando en realidad en el fondo quiere algo totalmente distinto), miente sobre lo que opina de los demás, miente sobre lo que en realidad le molesta...

Mentir es malo, ¿no? Y socialmente está mal visto ser malo. Así que nadie miente. Todos somos buenos, inocentes, nobles y desinteresados.

¡Patrañas! Todo mundo hace las cosas porque obtiene algún beneficio a cambio. Todos. (Y que conste que ese beneficio no se limita a "recompensas materiales", pues a veces simplemente el obtener la satisfacción de algo que deseamos es suficiente. Pero ese es otro tema, y no vale la pena extenderse demasiado aquí.)

Y claro, a veces se complica por aquella situación de "no mentí, pero tampoco dije la verdad". Verdades a medias, evadir el tema, manipular la verdad, lo que sea. Al final el resultado es el mismo. No dices la verdad.

Por ejemplo. Hablemos del Gran y Rosado Elefante en la habitación. S-E-X-O

No cabe duda que es un tema treméndamente delicado, lleno de tabús, prejuicios, paradigmas y un gran montículo de mierda cultural heredada de forma injustificada. Aún en estos tiempos tan "modernos" sigue siendo un tremendo pretexto, tema incómodo y palabrota digna de agregar un montón de monedas a la jarra de las groserías.

El sexo es malo.

Las chicas buenas no hablan de sexo. Aunque en el fondo les gusta (hacerlo, disfrutarlo, entenderlo, hablar sobre él) tanto como al que más. Pero no, mejor de eso no hablemos, vayan a pensar mal. A fin de cuentas no es algo que sea importante, ni necesario, ni nada de eso, ¿verdad? ¿A quién le importa que por la falta de comunicación una buena cantidad de chicas acaben fustradas, insatisfechas, ignoradas y decepcionadas?

Los chicos malos no tienen otra cosa en la cabeza, y por lo tanto sólo pueden hablar de él. Y por eso, si un chico habla del tema automáticamente se asume que es un chico malo. Si un chico te dice que tiene ganas de tener sexo, es porque sólo le interesas para eso, y nada más. Y te botará cual envoltura de papel tan pronto como satisfaga sus bajas pasiones. Porque absolutamente todos los hombres carecen de la capacidad de tener más de un interés en esta vida, ¿verdad?

Por eso las chicas mienten, y prefieren decir que no, no les gusta. Porque mejor mentir y no que te crean una chica fácil, loca y rebelde, ¿no? Porque además así se ahorran la pesadez de aguantar los patéticos intentos de conquista de cuanto patán idiota intenta jugar un juego que no domina tan bien como piensa.

Y por eso los chicos mienten. Porque si directamente le dicen a una chica que les interesa el sexo, ella lo juzgará, se pondrá a la defensiva y automáticamente lo descartará totalmente. La cuestión es que harán eso así se trate de un patán que (efectivamente) sólo quería eso, o de un chico interesado también en muchos otros aspectos de ella (incluyendo, pero no limitándose, a éste en particular).

¿Y saben qué es lo que resulta de esto? Toda una inacabable (e inútil a mi parecer) red de mentiras.

Yo te miento para que no creas que sólo me interesa el sexo (sea o no sea verdad eso). Tú sabes perfectamente que yo estoy mintiendo, y que en realidad sí quiero eso. Pero es parte del juego. Tú me estás "midiendo", esperando a ver en qué momento cometo un error, me equivoco al seguir las reglas y pongo en evidencia que, de hecho, sí quiero sexo. Hasta que, finalmente, tú decides que ya pasé "la prueba" y que confías en mí lo suficiente como para que (ahora sí) hablemos de sexo. Linda recompensa que nos ganamos por nuestro invaluable esfuerzo.

Y viéndolo así es fácil saber cuál es el mayor problema de todo esto, ¿no?

Al final el juego recompensa al que lo sabe jugar mejor, no al que está siendo más honesto consigo mismo y con la otra persona. Ni siquiera al que lo merece. No. Al que miente mejor.

No sé ustedes, pero todo ese trámite, competencia y laberíntica exploración me parece una pérdida de tiempo bastante peligrosa. Toda una cascada de implicaciones, causas y consecuencias fundamentadas ni más ni menos que en mentiras. Y luego por qué las personas acaban volviéndose amargadas, cínicas o manipuladoras...

En fin. Sea como sea, esas son las reglas del juego. Si quieres jugar, tienes que aprender cómo funciona esto. Ya que uno lo odie con pasión es otra cosa.

Porque, curiosamente, cuando uno es lo suficientemente rebelde como para ir en contra de ese juego... Bueno, digamos que la gente está tan acostumbrada a jugar que si uno dice la verdad sencillamente no le creen. Automáticamente asumen que se trata de otra estrategia, mentira, truco, pantalla de humo.

No. Nadie dice la verdad. Di lo que quieras, pero yo no te voy a creer media palabra. Así tenga que ignorar toda la evidencia objetiva que exista y tenga al alcance de mi mano. La gente cree lo que quiere creer.

agosto 04, 2011

Wicked Game, Chris Isaak

¿Cómo es posible que una canción pueda ser a la vez tan romántica y tan de despecho? Realmente el mood me encanta.

Chris Isaak
Wicked Game




The world was on fire
No one could save me but you
Strange what desire will make foolish people do
I never dreamed that I'd meet somebody like you
And I never dreamed that I'd lose somebody like you

No, I don't want to fall in love
[This love is only gonna break your heart]
No, I don't want to fall in love
[This love is only gonna break your heart]
With you
With you

What a wicked game you play
To make me feel this way
What a wicked thing to do
To let me dream of you
What a wicked thing to say
You never felt this way
What a wicked thing to do
To make me dream of you
And I don't wanna fall in love
[This love is only gonna break your heart]
And I don't want to fall in love
[This love is only gonna break your heart]

World was on fire
No one could save me but you
Strange what desire will make foolish people do
I never dreamed that I'd love somebody like you
I never dreamed that I'd lose somebody like you

No I don't wanna fall in love
[This love is only gonna break your heart
No I don't wanna fall in love
[This love is only gonna break your heart]
With you
With you

Nobody loves no one

Debajo de la nariz

Cobarde.

Perdóname que te lo diga así, pero eres plana y llanamente una cobarde.

No es que piense que yo soy la solución a todos tus problemas. De hecho, ni siquiera me interesa serlo. No. No vengo a salvarte, ni a cambiarte, ni a exigirte nada que no sería sensato pedir.

Y la cuestión es que te estoy ofreciendo mucho. No te ofrezco mierda. Te ofrezco lo mejor de mí. Mi comprensión, mi sinceridad, mi cariño, mi fuerza, mi confianza, mi respeto, mi deseo, mi diversión, mi humor, mis pasiones, mis lágrimas, mis suspiros, mis defectos, mis debilidades, mi vulnerabilidad, mi inteligencia, mi sabiduría, mi experiencia, mi sed de aprender y experimentar, mi nobleza, mi paciencia, mi estabilidad...

Yo sólo estoy pidiendo aquello que estoy dispuesto a ofrecerte a cambio.

Pero en realidad nada de eso importa. A ti no te interesa. Aunque a veces incluso digas lo contrario, realmente no es prioritario para ti. No es lo que quieres, ni estás dispuesta a arriesgarte emocionalmente. La apuesta no es lo suficientemente tentadora para ti.

Por tanto, no quieres nada conmigo. O bueno, más correctamente: no quieres lo mismo que yo quiero.

Simple, ¿no?

Y es que si desde el principio me lo hubieras dicho así. Directo, honesto, respetuoso...

Pero no. Dejaste que yo me ilusionara. Que mis esperanzas crecieran. Claro, en buena parte es mi propia culpa, por crearme espectativas, por dejarme llevar, por creer, por soñar, hacer planes, atesorar memorias... Pero tú nunca dejaste de mandarme mensajes cruzados. Porque eran mensajes cruzados. Probablemente no fue tu intención, y desde tu perspectiva piensas que nunca me diste a entender lo contrario. Pero no. Desde acá se percibió muy diferente.

Estoy molesto. Creo que eso es bastante obvio después de todo lo que he dicho, ¿no? Bien, pues en realidad lo que has percibido no es ni la mitad del fastidio, la frustración, la melancolía, el dolor y la amargura que estoy sintiendo en este momento.

Y sé que no es mi lugar ni mi derecho el decirte esto. Pero de verdad, eres una cobarde.

Cobarde por no atreverte a darme una oportunidad. Por preferir quedarte atorada en tu zona de confort. Porque tus miedos, paradigmas, prejuicios y demás podrían estar en lo correcto... Pero también podría ser exactamente lo que (no sin cierta hipocresía) clamas que valoras y te importa. Porque en realidad no sabes a ciencia cierta la posibilidad que podrías estar dejando pasar.

Y es curioso... Yo soy una persona que podría poner tu mundo de cabeza, en el sentido más positivo posible. Y tú lo sabes perfectamente bien. Si tan sólo no te diera tanto miedo el cambio...

¿Y sabes qué es lo peor? ¿Sabes qué es lo que en realidad me molesta, me lastima, me desespera? Tu egoísmo. La forma en que te escondes detrás de ese "no quiero lastimarte", "pero si yo no te he dado falsas esperanzas", "eres demasiado perfecto para mí", "si te hubiera conocido un poco antes/después" y "en este momento de mi vida no es lo que necesito", al mismo tiempo que permites que mis sentimientos crezcan y se multipliquen...


La forma en que (inconcientemente, lo sé, no te preocupes) me comparas, me prejuzgas, me mides y proyectas en mí todos esos miedos, malos hábitos, cicatrices... Pero descontextualizadamente. Porque, ¿sabes qué? En realidad no me conoces. No me has querido conocer. A pesar de que yo desde el principio me he intentado mostrar ante ti transparente, honesto, directo y totalmente dispuesto.

No te interesa. Ahora lo entiendo. No vale el precio que hay que pagar. Estás en tu derecho de decidir.

Pero el daño ya está hecho. Yo estoy molesto, y ya no hay nada que pueda hacerse al respecto (que de mí dependa).


(Esta entrada no va dirigida a ninguna chica en particular. O, quizá sea mucho más correcto decir, va dirigida a todas aquellas chicas que nos han hecho sufrir. Las que no han sabido valorar lo que les ofrecemos, y que dejan que sus miedos, traumas, conflictos, paradigmas, prejuicios, complejos, inseguridades y orgullo tomen las decisiones en lugar de ellas mismas. Esta no sólo ha sido mi experiencia, y no ha sido algo que sólo suceda una vez. No tiene que ver con reencores o "ardidez". Va más relacionado a exigir que nos respeten y una petición de que dejen de usar las mismas excusas baratas una y otra y otra y otra vez.)

agosto 01, 2011

El camino del Héroe

Desde hace muchos años yo he visto mi vida de forma bastante similar a una historia de fantasía épica.

Alcanzar mis sueños, vencer mis obstáculos, enfrentar mis retos, conseguir a la chica...

Al principio pensaba que, como todo buen héroe, debía recorrer el camino predestinado, vencer al dragón y entonces obtendría a la chica.

Pero, por supuesto, yo no soy el típico héroe de una típica historia, así que mi propia historia es bastante singular y diferente, y no podría seguir el órden típico.

Para mí, el Dragón representa mi gran Reto de Vida. Alcanzar mis sueños, por el medio que más me convenga y resulte más benéfico para mí y para toda mi gente.

Es un sueño grande, difícil, ambicioso, complicado, idealista, atemorizante. Pero es un reto alcanzable. La pelea contra el dragón es peligrosa, intensa, tardada. Pero no es imposible. (Si lo fuera sería una Ballena Blanca, en lugar de un Dragón.) A veces el fuego te destruye, pero a veces te templa y te fortalece, si tienes el vigor necesario.

Por otro lado tenemos a mis Minotauros, que representan mis miedos, mis inseguridades, mis debilidades, mis defectos, mis complejos, mis cicatrices, mis propios paradigmas... Cosas que he dejado de lado, que he elegido no enfrentar por considerar que aún no tenía la fuerza necesaria. Pero no los olvidaba, no me rendía. Simplemente los dejaba guardados, archivados en el cajón de pendientes.

Y una de mis filosofías de vida siempre ha sido que "hay que tomar al toro por los cuernos". Tarde o temprano es necesario enfrentar los problemas. Y por lo general mientras antes lo haga uno, mejor.

Finalmente tengo mi Gigante, que representa aquello que casi desde que tengo memoria fue una preocupación para mí. Aquello que en algún momento era otro imposible más, pero que con el paso de los años me he estado preparando para enfrentar. Y es algo para lo que finalmente estoy listo, en lo que a través de experiencias, cambios de perspectivas y bastante introspección he llegado a aprender.

Vencer a mi Gigante representa salir al mundo y conseguir a la chica. Pero no cualquier chica...

Porque ¿recuerdan lo que estaba diciendo antes de que mi historia es bastante atípica?

Si yo no soy un héroe típico, tampoco me interesa encontrar a una chica típica. El Príncipe Azul se queda con la aburrida, común y mediocre Princesa Encantada, con vocación de damisela en desgracia, complejo de culpa patológico y treméndamente cursi.

Pero no. Ese no soy yo. Este Príncipe de las Sombras tiene aspiraciones más altas, y busca a otro tipo de Princesa. Una heroína por derecho propio. Fuerte, honesta, madura, independiente, apasionada, auténtica, diferente, loca.

Una Princesa que busque compartir, no imponer. Que deseé aprender, no que le resuelvan la vida. Que esté dispuesta a luchar a mi lado, y no contra mí. Que enfrente los problemas, y no los evada. Que quiera pelear contra mi dragón junto conmigo, y que esté dispuesta a permitirme luchar contra el suyo a su lado.

Como siempre, necesito mucho. Por eso pido mucho. No soy un hombre común. Puedo llegar a ser bastante difícil y exigente. Pero también ofrezco mucho. Aquella chica que lo logre entender y valorar será precisamente la que más valga la pena y para la que ofrecer todo eso que quiero no implique sacrificio ni control.

Y vale la pena luchar. Vale la pena hacer absolutamente todo lo que esté en mis manos para enfrentar ese reto y ganar el amor de aquella que esté dispuesta a recorrer todo el camino a mi lado.

junio 08, 2011

¿Bailas?

Para aquellos que no lo sepan ya, el baile es otra de mis grandes pasiones. Incluso comencé a bailar antes de poder caminar. Literalmente.

Es una actividad en la que es importante encontrar un adecuado equilibrio entre lo físico, lo mental y lo espiritual. Donde por lo general el principal obstáculo es uno mismo. Donde se unen la expresión física y el placer de la música. Donde incluso para los que lo ven de fuera puede llegar a ser una actividad estética e interesante. Un buen ejercicio y un pasatiempo muy práctico. Y encima de todo, ¡es divertido! ^_^

Pues bien... Con el paso de los años he observado un fenómeno sumamente curioso. Cuando una persona baila en realidad está mostrando de sí misma muchísimo más de lo que pareciera en un primer momento. Lo quiera o no.

¿Quieres saber cómo es una persona? Obsérvala bailar.

Por supuesto, va mucho más allá de ver si sabe o no sabe los pasos, teoría y demás aspectos técnicos. No se trata sólamente de ver si se mueve bien o parece que le está dando un ataque epiléptico. Y en realidad no tiene mucho que ver con que le guste tal o cuál género musical o estilo de baile.

Observa patrones, reacciones, la forma en que enfrenta las cosas... ¿Se contiene o se deja llevar? ¿La persona baila para que la vean o para sí misma? ¿Está al pendiente de su entorno? ¿Se adapta a la música o prefiere no prestarle mucha atención? ¿Le da miedo el "qué dirán los demás"? ¿Tiene control de su propio cuerpo? ¿De sus propias reacciones? ¿Le importa ese control (o falta de)? ¿Qué tan cómoda o incómoda se siente con el contacto (físico, visual, emocional) con los demás? ¿Intenta planear sus siguientes movimientos, va improvisando en el camino o algún punto intermedio?

Y ya ni digamos cuando la persona baila en pareja... ¿Se preocupa más por lucirse ella misma que porque la otra persona también se vea bien? ¿Le interesa jugar y divertirse, o se lo toma demasiado en serio? Si se equivoca en algo, ¿se enoja consigo misma? ¿O con la otra persona? ¿Se desespera si las cosas no salen como esperaba? ¿Percibe si la otra persona está cómoda o incómoda, cansada o animada, aburrida o entusiasmada, en control o sin él?

Y claro, la pregunta más importante: ¿Sabe guiar o dejarse llevar?

En mi experiencia, en la gran mayoría de los casos la respuesta a esta última pregunta es un gran no. Y no sólo me refiero al baile.

Mi hipótesis es bastante simple: las relaciones interpersonales (y que conste que no me estoy refiriendo exclusivamente a las relaciones románticas de pareja) funcionan de forma muy parecida al baile.

Implican equilibrio (hay que balancear el yo con el nosotros, las prioridades que tengamos con la importancia de la relación, la fuerza con la suavidad, el control con la adaptabilidad...), sentido del ritmo (mientras mayor sincronía haya, más fluída será la relación), respeto (cada persona tiene ciertas preferencias, límites, dificultades y carencias, y no se debería pasar por encima de ellos nunca), confianza (lo mejor es soltar las cosas que no estén en tu control, no preocuparte todo el tiempo por el miedo a que la otra persona esté intentando aprovecharse de ti de alguna forma, no ponerte a la defensiva ni crearte espectativas), práctica (a veces las cosas no salen a la primera, a veces no sabemos hacerlas, a veces los hábitos, prejuicios, paradigmas y carencias de uno chocan con los del otro, y sólamente practicando se logran limar esas asperezas), comunicación (sobre todo en lo que respecta a la comunicación no verbal y la empatía), placer (debe ser agradable, y si no lo es a la larga las cosas acaban por salir mal) y no obsesionarse con el control (no tomarselo demasiado en serio, aunque tampoco tan a la ligera... ¿ya mencioné lo del equilibrio?).

Muy importante. Ambos deben poner de su parte. Deben aprender a colaborar y trabajar en equipo. Hacer un esfuerzo y valorar el esfuerzo de la otra persona.

Ahora, permíteme regresarme un poco. ¿Sabes guiar? ¿Y dejarte llevar?

Saber guiar NO significa dominar, controlar, obligar ni hacer el trabajo por la otra persona. Implica observar el entorno y poder predecir las cosas un poco antes de que sucedan, y adaptarse a la situación. Implica aprender a indicarle el rumbo a seguir, sin tener que forzar o presionar. Implica respetar su individualidad, y no frustrarse si las cosas no salen como uno esperaba. Pero sobre todo implica cuidarla para que no se arriesgue demasiado física, social ni emocionalmente. Implica extender la mano para que te la tomen voluntariamente.

Dejarse llevar NO significa obedecer ciegamente lo que la otra persona te diga, ni esperar que te solucione la vida, ni perder la propia individualidad, estilo y prioridades. Implica adaptarte al ritmo y estilo que te está proponiendo. Implica aprender a confiar en ella, sin oponer resistencia a lo que te sugiere, ni adelantarsele e intentar hacer las cosas antes de que te lo indique (porque generalmente ese otro tiene una perspectiva más amplia de la situación que uno). Implica hacer lo que esté dentro de tus posibilidades para que sus esfuerzos se sumen, y no se contrapongan. Implica tomar la mano que te extienden y entregar una parte de ti sin condiciones.

Ahora sí. Vuelvo a preguntar. ¿Que tan bien crees poder hacer LAS DOS COSAS?

Porque (ya que andamos en esas) cabe destacar que en ningún momento he dicho que siempre tenga que ser la misma persona quien tome el mismo rol. Ni siquiera que el hombre siempre tenga que ser el que guía (aunque por convención social en el Baile de Salón suele ser el ideal) y la mujer quien se tenga que dejar llevar. Y de hecho (y aquí es donde las relaciones se diferencían del baile) lo más sano (y hasta común) es que en diferentes momentos uno pase de un rol al otro de forma espontánea, orgánica y voluntaria. Y mientras más se luche en contra de eso, más problemas habrá. No es ver quién puede dominar más al otro, sino quién tiene la mejor perspectiva en ese momento.

Por eso yo creo que es muy importante que todos aprendamos tanto a guiar como a dejarnos llevar. Creanme, todas nuestras relaciones interpersonales lo agradecerán.

abril 12, 2011

Tengo ganas

Tengo ganas de perderme. De encontrarme. De esperar. De buscar.

Tengo ganas de probar, experimentar, conocer, aprender, explorar.

Tengo ganas de unas piernas, de un escote, de una falda muy muy corta y muy muy entallada. De lencería y pequeños espectáculos furtivos.

Tengo ganas de complicidad, de calor, de perversión, de placer.

Tengo ganas de sarcasmo. De inteligencia. De sensualidad. De reto.

Tengo ganas de divertirme. De jugar, reir, gritar, sudar.

Tengo ganas de bailar. De cruzar miradas, de provocar, de seducir.

Tengo ganas de ser seducido. De ser deseado. De ser estudiado.

Tengo ganas de comprar, de recibir, de compartir, de intercambiar.

Tengo ganas de trofeos. De recuerdos. De sorpresas. De secretos.

Tengo ganas de conocer, reconocer, entender y analizar.

Tengo ganas de ver, de escuchar, de oler, de tocar y de probar.

Tengo ganas de salir. De bromear. De molestar. De besar. De esperar.

Tengo ganas de echarme y dormir. De levantarme y correr. De cargar, abrazar, razguñar, masajear, acariciar, charlar, enseñar, confesar, aceptar...

Tengo ganas. No tengo prisa ni me preocupa. Pero tengo ganas.
La Guarida del Lobo © 2008
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