enero 27, 2011

La Cita de Hoy - Keen

Esta cita me gustó. Creo que la diferencia que plantea es básica.

Aprendemos a amar no cuando encontramos a la persona perfecta, sino cuando llegamos a ver de manera perfecta a una persona imperfecta.
Sam Keen

A mí me gusta decir que la chica de mis sueños es aquella que es tan humanamente perfecta (para mí) como es posible. Es decir, no es la que no tenga defectos, sino aquella cuyos "defectos" sean afines a los míos propios, y nos complementemos en lugar de contraponernos. Y aquella que ofrezca lo que yo necesito, y que necesite lo que yo ofrezco.

enero 26, 2011

Para comerte mejor...

Disclaimer: Este pequeño relato se sale bastante de lo que comunmente publico por acá. (Ojo, que esto no es apto para todo público. Menores de edad y personas de poco criterio, favor de cerrar la página.) Resultado de estar jugando "Verdad o Reto" con una querida amiga bloguera.


La gente se me queda viendo al ir caminando por la calle. Una sonrisa aparece en mi rostro cuando pienso que lamentablemente no se debe a mi elegante traje, mi porte galante y mi andar decidido. No, en realidad se me quedan viendo por el antifaz lupino que llevo sobre el rostro.

Llego al lugar indicado y espero... No por mucho tiempo. Tras unos cuantos minutos, te veo aparecer a la distancia. Y no soy el único que te nota inmediatamente. Es difícil no notarte con ese encantador atuendo.

La falda suficientemente corta como para despertar la imaginación, pero no lo suficiente como para mostrar más de lo debido. Un corset de cuero negro que en otras condiciones desentonaría con ese aire de inocente ignorancia que muestras. Una pequeña capa cubriendo tus de otra forma desnudos hombros...

No soy el primero en abordarte. No me sorprende, pero tampoco me preocupa. No tengo prisa. Un cazador acechando a su presa debe saber mantener la paciencia. Y yo conozco muy bien a esta presa. Se ha tardado más en comenzar a hablarte que tú en rechazarlo.

La escena se repite un par de veces más. Si no te conociera mejor, casi me atrevería a decir que comienzas a impacientarte. Pero todo es parte del juego. Todo lobo feroz debe saber esperar hasta el momento adecuado antes de atacar.

Finalmente me acerco un poco más, para que me descubras por ti misma cuando comiences a observar tus alrededores con algo de nerviosismo. Calculé bastante bien tu paciencia, pues apenas han pasado unos segundos cuando precisamente volteas en la dirección en que yo me encuentro. Nuestras miradas se cruzan por un momento, y puedo sentir el fuego que oculta tu neutral expresión.

Despreocupadamente me das la espalda, y con un suave y fluído movimiento levantas la capucha de tu pequeña capa de seda roja. Esa es mi señal.

"Es una buena noche para celebrar el Halloween, ¿no lo crees así?"

Me volteas a ver con ese gesto inocente y dulce que tan bien sabes hacer cuando quieres. Te ves tan vulnerable y seductora que me cuesta un poco de trabajo mantener la compostura.

"¿Y qué hace una chica tan hermosa como tú sola en un lugar como este? ¿Es que te diriges a una fiesta de disfraces y has perdido el camino?"

"No. En realidad voy a visitar a mi abuelita enferma, que me espera para cenar."

"No te entretengo más entonces... Quizá quieras seguir caminando por la avenida. Está mejor iluminada y quizá sea el recorrido más largo, pero es el más seguro para ti."

"Gracias, amable señor." El candor de tu sonrisa me quita el aliento. Qué ganas tengo de morder esos labios rojos y encantadores.

Me alejo sin voltear a verte una vez más. Ya podré verte a mi antojo más adelante. No he dejado mi auto muy lejos de ahí, así que en muy poco tiempo ya me encuentro manejando rumbo a tu departamento.

Como era de esperarse, llego mucho antes que tú. Abro usando mi llave y me pongo cómodo en tu agradable sala. Para el momento en que finalmente llegas, yo ya me he tomado la libertad de servirme una copa de vino, rojo como la sangre.

En cuanto entras, me buscas con la vista. Cierras la puerta y te recargas en ella con suavidad. "Hola, abuelita. Perdona que llegara tan tarde, pero el camino era largo y este par de tacones me están matando..."

"No te preocupes, hijita. La espera valió la pena. Ahora acércate a la luz, para que te pueda ver mejor."

Caminas hacia mí, manteniendo tu expresión de niña arrepentida, pero el vaivén de tus caderas me asegura que disfrutas de la atención que estoy poniendo a cada uno de tus movimientos. En verdad ese atuendo te sienta mejor que bien.

Permanecemos muy quietos por unos cuantos minutos en ese silencio tenso, pero cómodo. Finalmente vacío mi copa y apoyo la barbilla en mis manos entrelazadas. Muero por tenerte, pero no seré yo quien tome la iniciativa en esta ocasión. Te observo con intensidad, rápidamente provocando que desvíes la mirada. (Sé que en el fondo te enciende que siga siendo capaz de intimidarte cuando me lo propongo.)

"Ay, abuelita, pero qué ojos tan grandes tienes."

"Son para verte mejor, hijita."

Mi sonrisa te alienta a seguir, sintiéndote segura de que he entendido cuál es el juego que propones.

Lo primero que te quitas son esos tacones rojos, que tan bien hacen lucir tus piernas. Una lástima, pero el ver cómo te quitas las medias con lentitud lo compensa por completo. Luego sigue el corset, aunque es una operación lenta y un poco complicada. Estoy por preguntarte si necesitas algo de ayuda cuando tu blusa blanca cae al suelo, seguida por esa pequeña falda que tantas miradas ha captado un rato antes.

Suspirando con gozo, me quito el antifaz de la cara. Tú te colocas peligrósamente cerca, diciéndome casi al oído: "Pero abuelita, qué manos tan grandes tienes."

"Son para abrazarte mejor, hijita."

Mis manos se posan en tu cintura, y tú reaccionas con un respingo de fingida sorpresa. Intentas alejarte de mí (sin mucha convicción real, lo sé), pero yo lo impido. De hecho, te jalo hacia mí, haciendo que pierdas el equilibrio y caigas sobre mí.

Aspiro el delicioso aroma de tu perfume, mientras tú te acomodas, colocándote sobre mis piernas frente a frente. Tú pasas tus manos por mi pecho, mientras yo te acaricio con calma, llendo de tu cintura hasta los hombros, y luego bajando hasta el punto en que la espalda pierde su nombre.

"Abuelita, qué traje más elegante tienes."

"Es para entrar en calor, hijita."

Tus manos son rápidas para quitarme el saco, la corbata, la camisa... En realidad me parece justo, pues yo sigo vestido mientras que a ti sólo te cubre ese refinado juego de lencería que tanto me gusta.

Cuando peleas contra mi cinturón, intentando quitármelo de una vez, yo paso mis uñas por toda tu espalda en un sólo y firme movimiento. El gemido que te arranca la sorpresa logra que yo me relama los labios con placer.

"Uff... Abuelita... Qué hermosos labios tienes."

"Son para besarte mejor, hijita."

Te lanzas hacia mí con un poco de furia. Nuestras bocas se funden, mientras nuestras manos activas juegan, exploran, reconocen. Creo que deberíamos ser felicitados por lograr quitarnos toda la ropa sin haber dejado de besarnos un sólo momento.

Sólo me alejo un poco para disfrutar de tu desnudez, para después comenzar a besar tu cuello y hombros. Lentamente paso mi lengua por tu cuerpo hasta detenerme en el centro de tus pechos. Tú me abrazas la cabeza con fuerza y me aprietas contra ti con un poco de desesperación.

Te beso los senos mientras mis manos continúan con su tarea de acariciar cada milímetro de tu piel. Tus costados, tus caderas, tus muslos... Deteniéndome apenas a unos centímetros de tu centro. Tú no me dices nada, pero tu respiración agitada me indica que no necesito tocarte para saber que hemos alcanzado la gloriosa humedad.

Comienzo a soplar con suavidad, y el efecto de mi aliento y la saliva en tu piel te provoca un incontrolable escalofrío. Y justo cuando el espasmo ha pasado, te tomo de la espalda, te jalo hacia mí con fuerza y acerco mi boca a tu cuello una vez más.

Tú esperas mis labios, mi lengua... Pero te encuentras mis dientes. Te muerdo con suavidad, pero firmeza. Y voy apretando la delicada piel apenas lo suficiente como para que te duela, pero no te lastime. Puedo sentirte vibrar.

Cuando ya no puedes más, te incorporas de golpe, tu pecho subiendo y bajando con violencia al ritmo de tus jadeos. Me miras directo a los ojos, totalmente excitada.

"Abuelita." Te muerdes los labios. Sufres, pero me sigues haciendo sufrir a mí también. "Pero qué dientes tan grandes tienes..."

Mi sonrisa es amplia, cruel, sarcástica, retadora. En realidad me cuesta bastante trabajo contener un ataque de risa. Eres mía. Totalmente mía. Y tú lo sabes y lo disfrutas.

Tu respiración se ha calmado, pero la expresión de tu rostro ha pasado del placer a la desesperación. Tu mirada lo dice todo. Odias que te haga tener que esperar.

"Para comerte mejor..."

Te cargo en el aire, y de un sólo movimiento te coloco sobre el sillón. Con anticipado gozo voy besando cada parte de tu cuerpo, y finalmente llego a mi meta. Esa hermosa flor carnosa, suave, cálida y exquisita. Olfateo tus olores femeninos mientras mis labios acarician el área circundante.

Y finalmente mi lengua toca el punto exacto.

Mis movimientos adoptan el ritmo de tu respiración. Mis caricias siguen la frecuencia de tus jadeos. Tu espalda se retuerce, y mi lengua trabaja incansablemente. Muy pronto he logrado que grandes gemidos escapen de tu boca. Los gemidos terminan por convertirse en gritos.

Es complicado resistir la risa. Pero si a ti no te importa que los vecinos nos escuchen, a mí me debe importar muchísimo menos.

Conozco cada uno de tus rincones, de tus puntos vulnerables, de tus movimientos favoritos. Y con un pequeño empujón final logro hacerte caer del filo del abismo.

Tus gritos extinguidos, tu espalda tensa, tus uñas clavadas en mis brazos, tus piernas apretando con fuerza mi cabeza.

Eres mía. Mi presa. Mi alimento. Mi amante.

Te he regalado una pequeña y placentera muerte. Te acurrucas sobre mis piernas, recuperando el aliento, relajando tus tensos músculos, mis manos acariciando tu cuerpo... Y me miras directamente a los ojos. Sin desviar la vista. Sin intimidarte. La mirada de cándida inocencia perdida tras tu tan esperado orgasmo.

Y sonríes. Oh, cómo sonríes.

Fuiste mía. Pero ahora es mi turno. Ahora serás tú la que me complazca, me posea, la que tenga el control. El cazador se convierte en la presa.

Y yo no podría ser más feliz.



Reto cumplido.

enero 25, 2011

Dime cómo sí

En general es muy fácil decir cómo no.

"No puedo ir porque tengo otros compromisos importantes." "No puedo ayudarte porque no cuento con las herramientas necesarias." "No podré terminar a tiempo porque tengo muchos pendientes que cumplir." "No lo podré comprar porque no me alcanza el dinero." "No tiene caso que salgamos, porque no tenemos nada en común."

Decir cómo no es requete-fácil, ¿no? Cualquiera puede dar excusas, justificaciones, peros, condiciones. Siempre podremos encontrar razones por las cuales es mejor posponer (o incluso abandonar) cualquier tipo de proyecto, idea, plan o situación. Y claro, tendremos la conciencia "tranquila", porque (después de todo) tenemos esa lista kilométrica de todos esos "cómo no".

La cuestión es que en la práctica comenzar a pensar y explicar todos esos "cómo no" es en realidad una grán pérdida de tiempo.

¿De qué sirve quejarse? ¿Se solucionaron los problemas? ¿Mejoró la situación? ¿De verdad para poder hacer las cosas tendremos que esperar que la vida mágicamente nos solucione los problemas como por arte de magia? ¿Que los astros se conjuguen para que finalmente todo sea miel sobre hojuelas sin tener que esforzarnos en lo más mínimo?

Pues no. Al final quedamos igual que al principio (o peor).

Por el otro lado, buscar esos "cómo sí" es mucho más complicado. Implica (para empezar) ponerse a pensar en las cosas. Observar, analizar, comprender, estudiar, aprender, discriminar, usar nuestro criterio y experiencias. Y, por supuesto, la gente no piensa. O, por decirlo más adecuadamente, no les gusta pensar.

Implica un esfuerzo por encontrar soluciones a los problemas, y no peros o excusas para justificar la falta de resultados.

Y al final lo que importa son los resultados, no qué tan bien puedas explicar las mil setecientas cuatro razones de por qué no fue posible, deseable, realizable o práctico. Al final no importa el por qué no.

Y la psicología del asunto es muy curiosa, porque la mente humana funciona de una manera muy particular. Las palabras verdaderamente tienen mucho poder.

Cuando encuentras tu "cómo no", en realidad te estás dando permiso para fallar. Digo, tienes razones, ¿no? Ese "cómo no" es poderoso, lógico, obvio, llamativo... No es que tú no puedas o quieras, es que las circunstancias te lo impiden. En realidad sería prácticamente imposible, desgastante e infructuoso siquiera intentarlo. Pues mejor nos lo ahorramos y no hacemos ningún esfuerzo en vano, ¿no crees? ¿Y quién te puede culpar entonces por ni siquiera intentarlo?

Y la gente se predispone. Su mente se cierra a considerar siquiera la existencia de otras posibilidades alternas, otras rutas más prácticas o cortas, de posibles soluciones a todos esos problemas y complicaciones... (Y ya ni siquiera hablemos de la gente que realmente quiere decir que no, pero no se atreve, y por eso prefiere poner cuanta excusa le viene a la mente...)

Porque en realidad es bastante más cómodo y sencillo quedarse en lo conocido, en lugar de explorar y considerar lo desconocido. Cómodo, pero mediocre y poco efectivo. Y la gente se queda estancada, con las excusas perfectas pero muy pocos resultados.

¿Qué pasaría si, para variar, en lugar de ponerte a describir todas esas terribles, complicadas y muy lógicas razones de por qué no, mejor le dedicas unos cuantos minutos a pensar en mejores formas de como sí se podría lograr aquello que deseas?

Así, sin estar provocando que las paredes se vuelvan más altas e infranqueables. Al contrario, buscando las puertas, las ventanas... ¡Demonios! Al menos un punto de apoyo desde el que sea un poco más sencillo escalar la pared...

Intenta hacerlo la próxima vez. Cuando te enfrentes a un problema, una dificultad, una situación donde la vida se te complique. Cuando te descubras explicando por qué no podrás, date un par de minutos de descanso. Respira, tómate un cafecito, distráete un rato pensando en otras cosas... Y entonces regresa a pensar, pero esta vez concéntrate en buscar la mejor forma de que sí se logren las cosas.

No me digas cómo no. Dime cómo sí.

enero 07, 2011

Crónica de una Tos Traicionera

Lunes, recaída de una gripa casi curada.

Martes, tos de explosiones ocasionales.

Miércoles, tos de campo minado.

(Se eligió ir al Doctor. Primer inyección de antibióticos.)

Jueves, tos de escopeta recortada.

(Segunda inyección, menos dolorosa.)

Viernes, tos de semiautomática con silenciador.

(Tercera inyección. En teoría la última.)

Y esperemos que le ganemos la guerra al torpe virus, porque realmente odio estar enfermo. -_-

diciembre 29, 2010

Tengo 28 años

El día de hoy cumplo 28 años. Cada vez más cerca de los 30 y menos de los 20. Cada vez más adulto, y menos inocente. Cada vez más convencido de a dónde quiero llegar, aunque aún sigo descubriendo y explorando cuál es el mejor camino.

Como ya he dicho antes, yo no tengo ningún conflicto por mi edad, ni me parece que a los 30 ya estás viejo ni nada. De hecho, sigo convencido que lo mejor de mi vida está aún por llegar.

Es curioso. Hace 10 años yo era de los pocos adolescentes que te podían contestar honéstamente cómo se veía a sí mismo en una década. Y sin embargo, mi vida actual no es del todo similar a esa imagen que yo mismo tenía. Pero no se preocupen, que eso no quiere decir que me arrepienta de nada. De hecho es lo contrario. Las cosas que sí adiviné son geniales, y las cosas que no pronostiqué bien o están ya en proceso o he descubierto que no son tan urgentes (o necesarias) como pensaba.

Tengo 28 años, y me siento un poco más fuerte, centrado, sabio y esperanzado que nunca. Mi inocencia se ha convertido en confianza, mi inexperiencia en madurez, mi idealismo en convicción. ¿Y saben qué es lo peor? Esto sigue siendo apenas el principio. Aún me falta muchísimo por crecer, experimentar, mejorar, entender y aprender. (Y a diferencia de la mayoría eso me entusiasma más de lo que me molesta o asusta.)

Tengo 28 años, muchos planes, sueños y proyectos en proceso. Sigo descubriendo mi camino y creo que lo he hecho bien hasta ahora.

Ya veremos en otros 10 años.

diciembre 23, 2010

Los Platos Sucios

Una relación de pareja es como una buena vajilla.

Te cubre ciertas necesidades específicas, te facilita cierto tipo de placeres y hasta puede ser otro montón de cosas sin relación directa (parte de una colección, un objeto decorativo, un juguete, una herramienta...).

Por supuesto, en cualquier relación el uso hará que invariablemente los platos se ensucien. Los problemas de pareja son esa suciedad que se junta en los platos. Hay problemas pequeños, como minúsculos restos de comida faciles de sacar; hay problemas más importantes, como cochambre grasoso y desagradable, mucho más difícil de limpiar.

La relación funcinará mientras se sigan cubriendo las necesidades específicas de ambos. Mientras tengamos platos sobre los cuales colocar la comida.

(Aquí un paréntesis importante. Un elemento fundamental de esta analogía es el hecho de que para que la pareja funcione lo mejor posible, son AMBOS los que tienen que trabajar en equipo para lavar los platos. Esto no debería ser negociable. No puede ser sólo uno el que lave, mientras el otro se queda sentadote en el sillón viendo la TV. Y mientras más parejo sea el aporte de los dos, más rápido y mejor lavados quedarán.)

Si la relación es sana y ambos son personas razonables y estables, la vajilla tiene muchos platos. Aguantará más problemas sin que deje de funcionar. Pero tarde o temprano los platos limpios se terminan y todos los que poseemos acaban sucios.

Por supuesto, también están los cochinos a los que no les importa usar platos sucios una y otra vez. (Y luego se sorprenden de que las relaciones terminen siendo enfermizas y desagradables...)

¿Qué es lo ideal? Lavar los platos sucios para tener nuestra vajilla reluciente antes de la siguiente comida, por supuesto.

La clave es que mientras más pronto laves la suciedad, más sencillo será eliminarla. Si terminas de comer y lavas el plato, lo limpiarás rápido y sin esfuerzo. De hecho, puedes hasta esperar algunos minutos u horas sin tanto problema. La cuestión es no dejar que se te acumule el trabajo pendiente.

Evadir los problemas en la relación es precisamente como dejar los platos sucios en el fregadero por días (¡o semanas!). O peor aún, esconderlos en la alacena para que parezca que no hay platos sin lavar en la cocina. La cosa es que mientras más tiempo pase hasta que decidas lavarlo, más problemático y engorroso será quitarle la mugre. Y toma en cuenta que los peores contaminantes suelen ser microorganismos invisibles a la vista, así que mientras más tiempo dejes pasar, peor será la insalubridad (en unos pocos días los platos se pueden saturar de bacterias, hongos y demás asquerosidades).

Y a nadie le gusta tener que tirar un buen plato a la basura, solo porque ya es prácticamente imposible eliminar toda la contaminación y suciedad. Y ya ni digamos tener que tirar todos los platos en la alacena, y verse obligado a regresar a la tienda por una vajilla nueva completa.

Hablando de opciones, una buena terapia de pareja (o algo al estilo) sería el equivalente de un lavaplatos automático: te facilitan el trabajo, pero en la práctica ambos seguirán teniendo que hacer una buena parte de la labor.

Por supuesto, también hay otras opciones alternativas. Un par de ejemplos serían usar platos deshechables o comer en la calle, como soluciones temporales. En ciertas circunstancias pueden resultar respuestas prácticas y sensatas, pero (a menos que genuinamente no te interese tener una relación de pareja a largo plazo) las únicas razones reales para volverlas una forma de vida "permanente" son la pereza, la negligencia, el egoísmo y la cobardía.

A la larga, son soluciones parciales, y no son realmente las más óptimas.

Y todo por no querer usar un poco de agua y jabón a tiempo...

diciembre 22, 2010

La Cita de Hoy - Kipling

Para los que no lo sepan. Yo sufro de depresión crónica. Por lo general no tengo ningún problema. Pero me deprimo fácil, y me deprimo seguido. (Es hormonal o algo...)

Cuando vayan mal las cosas como a veces suelen ir,
cuando ofrezca tu camino sólo cuestas que subir,
cuando tengas mucho haber pero mucho que pagar,
y precises sonreír aun teniendo que llorar,
cuando ya el dolor te agobie y no puedas ya sufrir,
descansar acaso debes pero nunca desistir.
Rudyard Kipling

Este pequeño poema de alguna manera me ha ayudado mucho en más de una ocasión. Puede que sea porque me hace pensar en el cariño de los que me quieren, o porque me guste el autor, o porque me haga sentir que no soy el único que ha enfrentado esto. Como sea. El caso es que me parece una buena estrategia. Se vale cansarse, se vale agobiarse, se vale frustrarse. Lo que no se vale es rendirse.

diciembre 17, 2010

La Cita de Hoy - Eco

Y luego se quejan de que la vida es monótona y aburrida...

Si interactúas con las cosas en tu vida, todo se encontrará en un cambio constante. Y si nada cambia, es que eres un idiota.
Umberto Eco

Ya lo he dicho antes. Las situaciones cambian. Los gustos cambian. Las ideas cambian. La esencia no. (El problema es que el común de la gente confunde aferrarse a sus zonas de confort con mantener su esencia.)

diciembre 16, 2010

¿Qué (demonios) quieres?

Si uno camina por la vida sin saber para dónde quiere ir, irremediablemente terminará perdido.

Lo irónico es que la gran mayoría de las personas precisamente prefiere caminar a ciegas, tropezando y echándole la culpa a los obstáculos (y no a su propia falta de visión).

¿Qué quieres? Pequeña y sencilla pregunta, de larga y complicada contestación.

Porque es tremendamente fácil saber lo que uno NO quiere, pero por lo general definir lo que sí ya se pone color de hormiga.

Claro, habrá casos específicos en donde sepas inmediatamente qué quieres. ("Quiero ir al baño.") Otros que para algunos sean más complicados que para otros. ("¿Helado de fresa o de chocolate?") Y algunos que terminan representando todo un gran logro, y hasta un parteaguas de esos que cambian vidas. ("¿Ya decidiste cuál es tu vocación verdadera?")

En general, decidir es fácil cuando tus opciones son limitadas. O quieres esto o quieres lo otro. No se puede tener todo a la vez. Y a menos que seas muuuuuuy indeciso (o que sientas que después te podrás arrepentir mucho de haber tomado la decisión equivocada), lo normal es que sólo te tome unos momentos pensar en las opciones y saber qué es lo que quieres.

Hay veces en que las opciones son muchas más, y entonces ya es mucho más complicado decidir, porque implica muchos factores diferentes, y por lo general es difícil compararlos en los mismos términos. Ya es necesario tener una mejor idea de como qué es lo que quieres, para poder ir eliminando las opciones menos deseables y destacando las favoritas. Y al final poder inclinarte hacia un lado u otro. (Acá una de las claves es que hay algunos caminos muy cerrados, donde haberlos elegido te impedirá posteriormente cambiar de opinión, y hay otros mucho más flexibles, donde puedes ir corrigiendo tu curso en el camino con una mínima pérdida de tiempo y energía. Aunque mientras más te tardes en darte cuenta de que quieres "cambiar de carril", más difícil y costoso será hacerlo.)

Definitivamente la peor de las situaciones es cuando ni siquiera sabes cuáles son las opciones que tienes. Hay que saber qué es lo que quieres de la nada, sin referencias y tratando de evitar el riesgo de que después no resulte ser lo que pensabas o esperabas... Uff... Qué pesado. ¿Pero te cuento un secreto? En realidad este tipo de situaciones no existen en la práctica. Siempre se trata de la opción anterior, aunque los diferentes caminos por tomar no sean tan obvios y definidos en un principio.

Entonces, ¿qué ruta hay que tomar? Pues depende de a dónde quieras llegar. Que básicamente es lo mismo, pero a una escala mayor. :P No sólo es un "qué quieres", sino también un "hasta dónde quieres llegar". Y ya teniendo clara la meta, es más fácil ir eligiendo el camino.

Por poner sólo un ejemplo... ¿Quieres ser feliz? ¡Perfecto! Específicamente hablando, ¿qué te hace sentirte feliz? ¿Cómo puedes lograr tener más seguido y regularmente esas cosas que te hacen feliz? ¿Qué precio estás dispuesto a pagar a cambio de esa felicidad?

Y, por supuesto, lo ideal es no escribir los planes sobre piedra. Nadie es perfecto, y puede que conforme vayamos creciendo, madurando y experimentando cosas nuestra percepción del mundo cambie. Y nuestro contexto y condiciones definitivamente cambiarán. Quizá cuando logre eso que pensaba que me haría feliz, resulta que no lo hace tanto... Pues eso pasa, y muy seguido. ¿Qué hacer entonces? ¿Aferrarse a las ideas que uno tiene, aunque eso te arriesgue a ser infeliz?

Ya tienes la meta. ¿Qué vas a hacer para llegar a ella? Y, en determinado momento, es mucho más importante enfocarse en esa meta, y no tanto en el camino a seguir. Lo que importa son los resultados, no cómo llegues a ellos. Como ya ponía como ejemplo antes, ¿qué sucede si el camino que elegiste no te está llevando a esa meta que querías? ¿Importa más mantenerte en el mismo camino (por orgullo, necedad, miedo o lo que sea) que corregir el rumbo e intentar por otro camino?

Y por eso a veces es mejor que nos cierren una puerta en la cara. Irónico, ¿no? Porque con una nariz aplastada es más fácil darse cuenta que "este no es el camino correcto". Aunque, claro, duele más el ego. Relativamente hablando, porque también es tremendamente difícil aceptar que uno se equivocó.

En fin...

¿Qué quieres? De la vida. A la larga. Para ti. En todos sentidos. No es cuestión de "egoísmo", sino de prioridades y objetivos.

Eso sí, estamos hablamos de algo grande, a lo que puedas dedicar tu existencia. No algo que una vez que "ya cumpliste" te deje sin razón para vivir. ¿Y sabes que es lo peor de todo? Que precisamente la idea es que esa meta final, ese "quiero" más grande, sea inalcanzable. Porque siempre se puede ser más feliz, rico, sabio, popular, acomodado, admirado...

Y aquí el secreto es aprender que lo divertido y lo valioso es el camino en sí, y no de la meta como tal. Lo importante no es ponerle palomita en la lista del super, sino usarlo como brújula con la cuál orientar el viaje y comenzar a disfrutar del paseo.
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