julio 23, 2012

Hablemos de Sexo

Si de algo no hay duda, es de que en el sexo la buena comunicación es uno de los aspectos más importantes y trascendentales. Mientras mejor comunicación haya con tu pareja de cama, mayor será la posibilidad de que ambos pasen un rato de mucho placer y satisfacción.

Por supuesto, el aprender a leer el lenguaje corporal y las reacciones fisiológicas de la persona (como por ejemplo, el ritmo de su respiración, la forma en que se contrae o se relaja en diferentes momentos, las expresiones de su rostro, sus vocalizaciones y demás) es fundamental. Y también lo es aprender a distinguir entre lo genuino y lo fingido. (Recuerda. Dos reglas básicas: no mientas y no asumas.)

Pero hay otra forma de comunicación en extremo obvia, que generalmente es bastante subestimada y dejada a un lado: la comunicación verbal.

Para la mayoría de la gente, en la mayoría de las situaciones, hablar (abierta y explícitamente) de sexo suele parecerles inusual, incómodo y hasta vergonzoso.

La cuestión es, precisamente, tener en mente cuáles son los diferentes recursos verbales con que contamos para hablar de sexualidad humana. Básicamente hay cuatro grandes tipos de lenguajes, y un quinto mucho más ambiguo, personal y subjetivo. Entender las diferencias nos puede ayudar enormemente a determinar cuál es el más conveniente y cómodo en cada situación específica.

El primero es el lenguaje científico. Médicamente adecuado, preciso y clínico. Se usa para presentar información exacta, demostrar conocimiento y crear cierta distancia. Es el nombre "correcto" de las cosas, si bien puede llegar a sonar algo seco y cortante. Ejemplos: coito, orinar, pene, mamas...

El segundo es el lenguaje familiar. El tipo de lenguaje que usarías al hablar del tema con tu tía abuela, tu hijo de 3 años o sus amiguitos del preescolar. Evita las confrontaciones, usa eufemismos para evitar ofender, políticamente correcto y a veces algo tonto o infantil. Ejemplos: hacer "cositas", hacer pipi, pajarito, pechos...

El tercero es el lenguaje común. El que usas con tus iguales para hablar de tu propio cuerpo y acciones. Se usa para reflejar una actitud casual, crear cierta compenetración y expresar conexión o humor. Ejemplos: tener sexo, hacer pis, pito, bubis...

El cuarto es el lenguaje vulgar. Empático, colorido, descarado, provocativo, burdo. Se suele usar para demostrar vigor, pasión, excitación, pero también para oprimir, denigrar e insultar. Ejemplos: follar, miar, verga, tetas...

(Nota: los ejemplos son algunos de los términos más comunes e idiosincráticos en México. En otros países, o incluso en regiones particulares del mismo, pueden llegar usarse otros muy diferentes.)

El quinto es el lenguaje de la seducción. Único para cada pareja de amantes, e incluso puede variar en diferentes situaciones y encuentros de la misma pareja. Lo que para algunos puede sonar treméndamente sexy e incitante, para otros podrá resultar demasiado grosero o tonto. También dependerá mucho del humor en que se encuentre cada uno y el momento particular.

No es fácil de definir, porque no va dirigido a personas fuera de la pareja. Muy seguramente incluirá vocablos de todos los lenguajes anteriores, y también suele incluir bromas personales y dobles sentidos que sólo ellos entenderán.

De hecho, buena parte de la diversión consiste justamente en ir creando, desarrollando y descubriendo ese lenguaje compartido, íntimo, privado y especial. Una gran herramienta para crear la complicidad necesaria para que todo esto no se vuelva mecánico y aburrido.

Así, pues, hay que perderle el miedo a hablar del sexo. En especial porque "al que no habla, Dios no lo oye". Porque de vez en cuando es divertido jugar a las insinuaciones, las indirectas y el poder comunicarnos con los demás sin tener que hablar, pero ¿a poco una buena conversación "en cristiano" no resulta algo mucho más cómodo, práctico, rápido y natural?

Entonces, ¿ya sabes qué vas a decir (y cómo) la próxima vez que alguien más mencione el tema?
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