agosto 25, 2010

Jerarquías de Dominación

Es muy curioso. Se supone que el ser humano es el animal más inteligente que hay, y uno de los más evolucionados. Y sin embargo, a veces esa superioridad juega en su contra y los resultados son de lo más negativos.

La cosa es así. Entre un gran número de especies, existe un muy efectivo método para reducir los conflictos en grupos sociales de la misma especie. Consiste en que en el grupo habrá un individuo que tome el papel del líder dominante (comunmente llamado el "macho alfa", o "hembra alfa" en las especies matriarcales), siendo aquel con la autoridad para solucionar todo tipo de situaciones, y cuya supremacía es incuestionable por parte de todos los demás. El punto clave es que no sólo tiene poder sobre los demás, sino que también se vuelve responsable por la supervivencia y bienestar de todos. El liderazgo como medio, no como fin.

El ser humano ES una de las especies que instintivamente recurre a ese modelo de Jerarquías de Dominación (llamado elegantemente "jerarquías sociales" para diferenciarnos de los demás animales). Nos viene en los genes. Y, como decía al principio, el problema es que nuestra supuesta civilización y racionalidad es lo que nos provoca los mayores conflictos al chocar con dichos instintos. Básicamente nuestro problema es que no sabemos perder.

La situación tiene que ver con un concepto bastante sencillo. En los grupos animales con Jerarquías de Dominación hay un mecanismo auto-regulador denominado Luchas de Poder. Esto es, cuando un individuo desea intercambiar su lugar jerárquico con su superior, puede retarlo a una lucha para ver quién logra dominar al otro. El ganador se queda con el lugar superior, dominante y poderoso; el perdedor se aleja con la cola entre las patas, pero vivito y coleando.

La función de esas Luchas de Poder es asegurarse de que el individuo dominante sea el más apto para cumplir con las funciones y responsabilidades de ese rol. Por eso el ganador será aquel con los mejores recursos. Generalmente el más fuerte, el de mayor experiencia, el más adaptable, el más astuto... El más capaz, en los sentidos que sea importante y necesario. (La supervivencia del más apto, enfocada al aspecto social, pues.)

Pero regresemos al problema de los hombres. Somos la única especie que se obsesiona por la victoria por sí misma, por subirse el ego para sentirse superior, que no sabe cuándo renunciar, que se siente ofendido y hasta agraviado por haber sido vencido por alguien. Perder es el peor insulto y la humillación más grande.

Cuando los animales entran en una lucha de poder, su objetivo es demostrar su capacidad, NO HUMILLAR NI VENCER DEFINITIVAMENTE a su rival. Hacen ruidos y movimientos exagerados para intimidarse, sin intercambiar golpes. Se lanzan de cabeza, dispuestos a chocar sus cuernos, pero no con intenciones de empalarse y sacarse las tripas. Miden sus músculos y colmillos para demostrar quién es el más grande, pero sin usar ese tamaño para aplastar al rival. Se atacan con las patas, pero con las garras retraídas.

¿Por qué harían eso? ¿No sería más efectivo usar las garras? ¿No estarían causando más daño a su rival con cada golpe? Definitivamente, pero si usaran sus garras, el rival las usaría también, y en lugar de un ganador y un perdedor tendríamos dos individuos (probablemente muy) heridos. Victoria, pero ¿a qué costo?

Ese pequeño concepto se nos suele escapar a los humanos. Nos obsesionamos tanto con ganar, que nos negamos a reconocer la superioridad del otro. Cuando vemos que llevamos las de perder, escalamos (sacamos las garras). Si aún así sentimos que seguimos perdiendo, volvemos a escalar (vamos por la jugular). Y, por supuesto, el problema de aumentar la apuesta es que el riesgo también aumenta, y mucho. En lugar de simplemente intentar ver quién es el mejor, nos jugamos el todo por el todo (muchas veces sin pensar en las posibles consecuencias negativas que habrá, aún si logramos ganar el embate).

Y entonces, así sea que ganemos, no dejamos de ser unos idiotas obsesivos. (Nunca falta cuando con tal de ganar lo que acabamos sacrificando es precisamente aquello que queríamos obtener en primer lugar.)

Porque perder no es el fin del mundo. No significa que todo es definitivo, ni que nunca en la vida podremos volver a intentar subir de jerarquía. Es una prueba fehaciente y tangible de que AÚN NO TENEMOS LA CAPACIDAD necesaria para dominar a ese rival que enfrentamos. Y más vale bajar la cabeza que perderla. Lo único verdaderamente irremediable es la muerte.

Porque perder no nos hace menos. En este mundo tan superpoblado, siempre, y de verdad SIEMPRE habrá alguien abajo y alguien arriba de nosotros. Alguien más rico, alguien más pobre, alguien más listo, alguien más tonto, alguien más capaz, alguien más inútil, alguien más atractivo, alguien más feo, alguien mejor, alguien peor. Y obsesionarse con estar hasta arriba es prácticamente lo mismo que correr detrás de nuestra misma cola.

Porque perder nos quita oportunidades, pero también nos libra de responsabilidades y obligaciones. Porque somos tan orgullosos que comunmente cuando subimos de jerarquía nos negamos a volver a bajar, aún si no nos encontramos en el lugar más adecuado para nuestras capacidades. Y como nos obsesionamos tanto por ganar como un fin (y no como un medio), pasamos cientos de horas creando la estrategia necesaria para subir, en lugar de preparándonos para tener las habilidades que necesitaremos estando arriba. Y la victoria sigue siendo hueca.

Porque perder generalmente implica que no entendimos (o no quisimos ver) la capacidad de nuestro rival. Porque hay que saber elegir adecuadamente qué peleas vale la pena pelear, y qué es lo que estamos dispuestos a jugarnos a cambio. No pelear por pelear, ni dominar sólo para ser dominante. Estar arriba no te hace automáticamente mejor ni superior.

Al final la solución es clara. Hay que aprender a perder.

julio 30, 2010

La Cita de Hoy - Lao Tse, Luis XIV

Ya saben. Me gusta enfatizar mis temas con alguna cita interesante cuando creo que lo merecen. Y más cuando se trata de algo tan universal...

El que domina a los otros es fuerte; el que se domina a sí mismo es poderoso.
Lao Tse

Hay pocas cosas que puedan resistir a un hombre que se haya conquistado a sí mismo.
Luis XIV

De verdad. ¿Aún queda alguna duda o busco alguna otra cita?

julio 27, 2010

Control Emocional

Las emociones son como un río. En ocasiones tranquilo y pacífico, en otras tumultoso y rápido, pero siempre en movimiento.

Hace algún tiempo, publiqué una entrada relacionada al nivel de control que uno puede llegar a tener en esta vida. Resumiendo en pocas palabras: Tú no puedes controlar cosas externas, como el medio ambiente, a otras personas o situaciones que no tienen que ver contigo. Lo que sí puedes controlar es lo que tú mismo haces, decides y cómo reaccionas ante las cosas. Sobre todo eso. Tu actitud ante la vida.

Suena fácil, pero ¿cómo hacer eso?

Hay muchas técnicas de muy distintas naturalezas. Y habrá a quien le acomode más una que otra. Yo en lo personal soy bastante afecto a las filosofías orientales, y me parecen mucho más orgánicas y accesibles. Por tanto, siempre recomiendo una técnica bastante básica y común, pero poderosa.

Bueno, pues esta técnica se basa en lo primero que dije en esta entrada. En el concepto de que las emociones funcionan de una manera muy similar a como lo haría un río.

Hay emociones suaves, sutiles, fáciles de controlar. Como un cauce tranquilo y cristalino. Hay emociones explosivas, apasionadas, difíciles de dominar. Como un torrente agitado e impetuoso.

Aquí la cosa es que hay emociones positivas y negativas.

Las positivas son aquellas que disfrutamos experimentar. Pasión, placer, felicidad, inspiración. Nos impulsan a crear cosas nuevas, a proteger aquello que queremos, a sacar lo mejor de nosotros mismos. Estas emociones son como un chapuzón en agua fresca cuando morimos de calor.

Las negativas son aquellas que nos provocan sensaciones desagradables. Odio, dolor, tristeza, miedo. Nos impulsan a destruir cosas, a eliminar aquello que nos desagrada, a escapar de los retos. Estas emociones son las que más riesgo de ahogarnos y autodestruirnos conllevan.

Sólo no hay que olvidar que a veces lo mejor es no dejarse llevar aún por las emociones positivas (por más agradables que puedan ser), y que las negativas (adecuadamente canalizadas) también tienen sus ventajas y su función.

Pues bien... Hasta aquí no resulta nada del otro mundo. Pero, en la práctica, ¿eso qué significa?

Básicamente, cuando sentimos una emoción nos estamos sumergiendo en ese río. Si la emoción es traquila y controlable, es fácil nadar hacia donde queremos o necesitamos, y no nos afecta grandemente. El problema, obviamente, es cuando la emoción es intensa y rápida, y nos cuesta trabajo manejarla fría y objetivamente.

En términos generales, uno puede actuar de tres maneras diferentes.

La primera es dejarse llevar por el río. Que sus aguas te arrastren y te lleven a donde quieran, sin que tú tengas voz ni voto. Perder el control, y hecharle la culpa al río de la falta de dominio de uno. Y, por supuesto, así lo más probable es que uno acabe ahogado o, en el mejor de los casos, empapado hasta los huesos y muy muy lejos del lugar donde quería llegar. Hay que ser honestos con nosotros mismos; las consecuencias negativas en este caso suelen ser casi siempre bastante problemáticas, y en ocasiones hasta irremediables.

La segunda es nadar contra la corriente. Negar tus sentimientos, intentar hacer lo contrario, quitarles importancia, mentirle a los demás, pero sobre todo (intentar) mentirte a ti mismo. El mayor problema es que por lo general esto no es sino meter el polvo bajo la alfombra, no hacerlo desaparecer. Y eventualmente el polvo se acumula y nos explota en la cara. Y para entonces ya estaremos tremendamente cansados de haber nadado contra la corriente por tanto tiempo. ¿Qué sucede? Que volvemos al punto de partida, y estaremos tan frustrados y cansados que seguramente caeremos en la primera forma de todos modos.

Nos queda, pues, la tercera opción. Aprovecha la corriente a tu favor. Esto quiere decir que vas a nadar en el sentido que te lleve el río, pero estando en dominio de tu movimiento. No niegues ni bloquees tus emociones, pero no te dejes llevar por ellas. Úsalas a tu favor, canalízalas y aprovecha el impulso que te puedan dar. Incluso el miedo o la ira pueden resultar positivas si son adecuadamente controladas. Y que conste que hay ocasiones donde incluso es mejor aprender a controlar las emociones positivas también (para poder mantener la objetividad en ciertas situaciones, por ejemplo).

La clave es que las emociones que sentimos son, después de todo, una parte importante de nosotros. Y darles la espalda es como darnos la espalda a nosotros mismos. Lo cuál no sería tan grave si no fuera porque el subconciente de la gente suele ser bastante rebelde y no le gusta ser ignorado, y acabamos autosaboteándonos con mucha facilidad.

Todo se resume en eso. Acepta tus emociones. Déjalas fluir. Fluye con ellas. Fluye hacia donde tú quieres llegar. Y no te quedes atorado en ellas. Una vez que has llegado a donde quieres llegar, déjalas ir. Entonces estarás fuera del río, mojado pero vivo y en control.

Por supuesto, suena mucho más fácil decirlo que hacerlo. Y es cuestión de disciplina, práctica y mucha fuerza de voluntad. Porque es fácil dejarse llevar, es difícil negar las emociones, pero toma muchísima más fuerza lograr dominarlas sin dejar de sentir. ¿Quién es el débil entonces?

Hay una pequeña herramienta que descubrí de muy pequeño, y que me ha resultado particularmente útil en situaciones bastante difíciles. Se trata de la Letanía del Miedo, proveniente de la saga de Dune, obra de ciencia ficción del autor Frank Herbert.

No debo temer.
El miedo es el asesino de la mente.
El miedo es la pequeña muerte que trae la destrucción total.
Enfrentaré mi miedo.
Le permitiré pasar sobre mí y a través de mí.
Y cuando haya pasado volveré mi ojo interno para ver su camino.
Donde el miedo se haya ido no quedará nada.
Sólo yo permaneceré.

Cambia "miedo" por aquella emoción que amenace con cegarte, absorverte y hacerte perder el control. Ah, y también funciona sorprendentemente bien para lograr dominar el dolor físico (además del emocional).

Aprende las palabras. Adóptalas y adáptalas a tu situación particular. Y cuando sientas que el río te arrastra, repítelas como mantra de poder. Como si te sostuvieras de un tronco flotando en la superficie del agua. La clave es entender que las emociones tarde o temprano pasan, y lo importante es qué logres ganar tú de ellas.

junio 28, 2010

100 razones para aullar a la luna


El blog llega a la honrosa cantidad de 100 entradas, tras aproximadamente un año y 9 meses de andar por estos lares.

Por momentos muy activo, en otros algo lento, pero nunca abandonado. Y he de decir que hasta ahora este medio ha cumplido cabalmente con las funciones por las que lo abrí en primer lugar.

Exteriorizar mis ideas, teorías y experimentos. Exponer en algún lugar mis opiniones (y poder referir a la gente con un simple link, en lugar de tener que estar repitiendo mi discurso una y otra vez cada que alguien nuevo vuelve a preguntarme del tema). Compartir un poco de mis anecdotas, hallazgos y experiencias. Y de vez en cuando quejarme y desahogarme cuando hace falta.

Por supuesto, de las 100 entradas hay algunas que se han convertido en las favoritas (tanto las mías propias como de los que me leen).

Primero podemos mencionar la Guerra de Egos, una de las entradas que yo mismo más he vinculado en blogs, foros y similares. Porque de verdad sigo sin entender el verdadero objetivo de querer convencerse uno mismo por medio de tonterías que vale más que los demás... Pero bueno. Dime de qué presumes...

Otra de las entradas a que más veces he referido a otras personas es la de Anatomía de una Relación. Aunque en este caso ha sido más bien al estar hablando directamente con alguien, como por ejemplo en el MSN. Realmente un escrito básico, y producto de (literalmente) años de cuidadosa observación y análisis psicológico.

Por supuesto, en esta pequeña antología no podrían faltar mis siempre informativas, prácticas y divertidas lecciones de Cómo Ser Mejor Amante, partes I, II y III.

Y, finalmente, la ganadora absoluta. La entrada que más gente externa ha encontrado directamente (y la más comentada de todas), sin necesidad de que yo haya tenido que vincularla o promocionarla. Un tema bastante interesante, por supuesto. Se trata, lógicamente, del ensayo acerca de mi Totem Guardián.

¿Alguien más tiene una favorita que no haya puesto por acá?

junio 24, 2010

El Libro de las Caras

Me había rehusado terminantemente a abrir una cuenta de Facebook. Esto no es nada nuevo, y desde hace muchos años (literalmente) evitaba meterme en la mentada paginita.

Sin embargo, finalmente abrí una cuenta en el tonto sitio.

Verdaderamente no tengo la menor necesidad de justificar de mi decisión. Tengo mis razones (como practicamente siempre que tomo una decisión), y eso debería bastar.

Si expongo aquí dichas razones no tiene otro motivo más que el evitarme tener que estarme repitiendo una y otra vez cada que alguien me pregunta por qué "caí en la tentación". Siéntanse libres de molestar todo lo que quieran, así como yo soy libre de pasarme sus comentarios por el...

Me cito a mí mismo:
Me niego a abrir cuenta en Facebook.

...

Ya tengo cuenta de Hi5... Y cubre mis (minúsculas) necesidades de un servicio así. ¿Qué ventaja real tiene el Facebook entonces?

Pues no. A menos que alguien me dé una ventaja real razonable y que me convenza, no pienso abrir cuenta ni nada.

Ok. Por si queda duda.

Una cuenta social tiene varias funciones diferentes.

1. Estar a la moda.
2. Conocer gente nueva por internet.
3. Usar los jueguitos y aplicaciones que tiene, interactuando además con tus demás contactos.
4. Entrar en contacto con conocidos, familiares y viejos amigos a los que le habías perdido la pista.
5. Ser aprovechada como una herramienta de marketing para promocionar los productos y servicios de uno.

Al momento de escribir aquella infame entrada, mis pensamientos iban por la siguientes líneas. La 1 no podría interesarme menos. La 2 en ese momento de mi vida no me importaba en lo más mínimo. Para la 3 me servían igual las cuentas en las que ya estoy. La 4 sinceramente la había subestimado (y, realmente, ¿de qué sirve intentar contactar viejos conocidos donde no los hay?). Y la 5 la veía como una posibilidad aún muy lejana.

A tan sólo 5 meses, he cambiado de parecer. ¿Qué? ¿No tengo permiso?

El principal punto a considerar es obvio. El chiste de una red social es que haya gente en ella. Si no, ¿qué caso tiene? Y, muy a mi pesar, pareciera que toda la gente está en el Facebook, y casi nadie está/continúa en todas las otras redes. Entonces, ¿de qué demonios sirve tener cuentas en sitios no hay nadie/nadie se conecta más?

Mis razonamientos sobre la 1 y la 2 son básicamente los mismos que eran en ese entonces. Con decir que a prácticamente todos mis actuales contactos del Face los conozco en vivo, en persona y al alcance de la mano (si bien a algunos tiene literalmente años que no los veo).

Para la 3 no había considerado que acá también afecta bastante el punto principal. Lo divertido de esos jueguitos es, precisamente, el interactuar (y competir) con tus amigos en ellos. Y realmente me importa poco interactuar con gente que ni conozco, ni me interesa. Para todas las otras aplicaciones, pus pal caso me sirve mejor mi Wii o mi PSX. Un razonamiento menor, si he de decir, pero hay que tenerlo en cuenta.

Como ya dije, la 4 la subestimé. Pequeño ejemplo ilustrativo: casi para probar que era lo mismo abrir o no abrir cuenta, pensé en una vieja amiga de la prepa e intenté encontrarla en el dichoso Hi5. Encontrar gente es la función de todo esto después de todo, ¿no? Pues bien, tras casi una hora de buscar, buscar, explorar y desesperar, me resigné a aceptar que dicha amiga sencillamente no tenía cuenta ahí. Pasó el tiempo, abrí la mentada cuenta en el Face y ¡sorpresa, sorpresa! A las dos semanas fue dicha amiga la que me contactó directamente para que la agregara. Y ni siquiera fue el caso más grave o importante.

La 5 la veía como una posibilidad bastante lejana, pero por diferentes proyectos y cuestiones personales considero en mi beneficio ir aprendiendo de una vez lo necesario para aprovechar el medio al máximo cuando llegue el momento de explotarlo comercialmente.

Conclusión: Al final, el no abrir una cuenta terminaba siendo más una cuestión de orgullo. Y siendo que suelo criticar con pasión a las personas que prefieren el orgullo sobre la practicidad... Tiene sus ventajas y sus desventajas, pero a la larga los beneficios son superiores a las molestias. Así que, ¿por qué no?

A fin de cuentas, son mis razones. Mías de mí.

Porque siempre me ha parecido más tonto el que se aferra a sus decisiones a pesar de haber comprobado que sus razonamientos eran errados.

junio 23, 2010

La Cita de Hoy - Gide

No hay nada nuevo bajo el sol. Si, ¿y?

Todas las cosas ya han sido dichas, pero como nadie escucha, siempre hay que volver a empezar.
André Gide

Un poco irónico, considerando que, precisamente, una de las razones por las que abrí este blog es por mi constante fastidio de tenerme que estar repitiendo. (Y siempre es más fácil copy-pastear un link en vez de, una vez más, soltar toda mi perorata completa.)

junio 14, 2010

El Credo del Lobo

Intentaré dejarlo lo suficientemente claro.

Si ser Hombre significa creerme descontextualizadamente superior a la Mujer...

Si ser Hombre significa ser incapaz de expresar mis emociones sin sentirme débil y dudar de mi virilidad...

Si ser Hombre significa tener que ser egoísta, poco perceptivo e insensato en la cama...

Si ser Hombre significa que me tiene que gustar incondicionalmente ver el Futbol (o cualquier otra actividad que excrete testosterona)...

Si ser Hombre significa tener que observar lujuriosamente a cuanta fémina con poca ropa y/o pronunciadas curvas (sin importar mi situación sentimental actual) se me cruce...

Si ser un Hombre significa aguantar una y otra vez las tontas generalizaciones del tipo "Todos los Hombres son iguales" y que todas mis (fundamentadas) objeciones a tales generalizaciones sean olímpicamente ignoradas...

Si ser Hombre significa tener que ser infiel por naturaleza...

Si ser Hombre significa tener que demostrar que yo la tengo más grande que todo aquel que me haga sentir agredido de cualquier forma...

Si es indispensable que uno cumpla con toda esa sarta de estupideces para poder ser considerado un "verdadero" Hombre...

Entonces... yo prefiero no ser un Hombre. Renuncio. Reniego de mi sexo, y en lugar de eso declaro ser un Lobo. Que se ponga el saco al que le quede, y que sea excéptica la que prefiera dudar.

junio 11, 2010

¿Pasión? ¡Ja!

Que sea dicho de una vez.

No me interesa el futbol. No me emociona particularmente que México pierda o gane. Los jugadores apestan. Otros años han estado mucho mucho mejor.

Sencillamente mi vida no gira en torno a lo que 11 hombres sudorosos hagan o deshagan, sin que tenga absolutamente nada que ver conmigo. Y encima de todo sentirme "ganador" por algo para lo que no he hecho ningún esfuerzo, o "perdedor" por las malas decisiones de otros...

De verdad. No me interesa.

Ah, pero díle eso a un asiduo fan de cualquier deporte, ¿y qué te dirán entonces? "Es que tú no sabes lo que es la pasión."

......

Ajá. No. Ni idea.

junio 09, 2010

Transtorno Paranoide de la Personalidad

El trastorno paranoide de la personalidad se define como una tendencia generalizada e injustificada a interpretar las acciones de las personas como deliberadamente malintencionadas. Es decir, se caracteriza por un patrón de desconfianza y suspicacia general hacia los demás, de forma que todo lo que éstos hacen se interpreta de la peor forma posible.

(Es importante no confundir este transtorno con una Paranoia Esquizoide, pues las personas que lo padecen no presentan síntomas psicóticos, como delirios o alucinaciones.)

¿Cómo se puede diagnosticar?

Existen siete criterios que configuran la personalidad del paranoide. Para poder diagnosticar este transtorno en una persona, ésta debe cumplir con al menos cuatro de ellos. Dichos criterios son:

1) Sospechar, sin tener ninguna prueba, que las demás personas los están explotando, dañando o engañando. Los paranoides frecuentemente sienten, sin que exista ningún fundamento, que han sido ofendidos profunda e irreversiblemente por parte de alguna otra persona.

2) Preocuparse con dudas injustificadas sobre la lealtad, fidelidad y confianza de personas cercanas, amigos o asociados; los actos de esas personas son escrutados al detalle para buscar pruebas de intenciones hostiles en contra de ellos.

3) Resistirse a confiar en otras personas. Les cuesta mucho trabajo intimar con los demás, a causa de un temor injustificado a que cualquier información que comparta vaya a ser utilizada en su contra (por intrascendental que sea). Cuando algún amigo o conocido se muestra cordial o amable con el sujeto que sufre el trastorno, éste se muestra muy excéptico y desconfía de la persona.

4) Interpretar significados ocultos deliberadamente amenazantes o degradantes en las observaciones o hechos más inocentes, incluso benignos. Son propensos a malinterpretar negativamente los gestos y comentarios de los demás.

5) Guardar resentimientos y hostilidad durante mucho tiempo; es decir, no perdonan insultos o desaires (reales o imaginarios).

6) Percibir constantemente ataques hacia su persona o reputación, que no son aparentes a los demás; están predispuestos a reaccionar con ira y contraatacar con rapidez a las supuestas críticas u ofensas.

7) Sospechar recurrentemente y sin una causa justificada sobre la fidelidad de su cónyuge o pareja sexual, en muchas ocasiones llegando al extremo de los celos patológicos.


¿Qué características tiene una persona con TPP?

La falta de confianza es la principal causa de la mayoría de los problemas que enfrenta una persona que sufre de este transtorno.

Son personas con las que suele ser muy difícil llevarse bien, pues tienen problemas en todas sus relaciones sociales. Suelen aparentar ser "fríos" y no tener sentimientos de compasión. Por otro lado, debido a su gran suceptibilidad y a la falta de confianza en los demás, sienten una gran necesidad de ser autosuficientes.

Suelen culpar a los demás de los problemas en sus relaciones y no suelen ser concientes de cómo ellos mismos contribuyen a crearlas. Por ejemplo, si continuamente acusa a su pareja de infidelidad, no es extraño que al final su pareja busque consuelo en otra persona, de modo que el paranoide ve confirmadas sus sospechas.

Ante la conducta de los demás, sacan conclusiones rápidas y son reacios a considerar explicaciones alternativas. Por ejemplo, David pensaba, erróneamente, que sus compañeros de trabajo le ocultaban información a propósito para perjudicar su trabajo, y no estaba dispuesto a considerar otras explicaciones diferentes, como el hecho de que sus compañeros estaban ocupados con su propio trabajo.

Suelen estar siempre atentos y vigilantes porque piensan que cualquiera puede atacarles de un modo u otro en cualquier momento y necesitan defenderse de ellos. Perciben el mundo como una jungla de gente egoísta y sin escrúpulos en la que no se puede confiar. Además entran en pánico fácilmente ante cualquier sospecha de una conspiración en su contra. También suelen tener conflictos con las figuras de autoridad. Toda esa hostilidad inicial injustificada muchas veces tiene como consecuencia el rechazo de las otras personas (de esa manera confirmando a posteriori aquello que el sujeto paranoide tanto temía).

En los casos en que finalmente han logrado establecer una relación íntima con una persona, por lo general intentan mantener un control total sobre ésta, para evitar así ser traicionados.

Otro punto a tener en cuenta es que, dada su rapidez para contraatacar a las amenazas que perciben en su medio, pueden verse envueltos en pleitos legales.

Finalmente, pueden llegar a manifestar fantasías de grandiosidad no realistas y apenas disimuladas. Interpretan las cosas según su propia visión, y desestiman cualquier otra que no encaje con su perspectiva de las cosas. Además, tienden a desarrollar estereotipos negativos de los otros y en especial de aquellos grupos de población distintos del suyo.

Patología

Como la mayoría de los transtornos de personalidad, el trastorno paranoide puede ser en cierto sentido adaptativo, sobre todo en un entorno amenazante. Esto es, surge como un mecanismo de defensa ante el medio en que se desenvuelve. Sin embargo, se debe observar atentamente el comportamiento del individuo, para poder diagnosticar correctamente este trastorno cuando los rasgos que muestre el sujeto sean inflexibles, desadaptativos y provoquen deterioro funcional significativo, a la vez que un malestar subjetivo.

Es decir, a partir de que el transtorno comienza a perjudicar las actividades diarias de la persona, le impide llevar una vida normal y las consecuencias de sus acciones le causan algún tipo de aflicción, es en ese momento donde la persona debe considerar muy seriamente buscar algún tipo de tratamiento.

Este trastorno puede manifestarse por primera vez en infancia y adolescencia a través de actitudes solitarias, ansiedad social, hipersensibilidad, rendimiento bajo escolar, pensamiento y lenguaje peculiares además de fantasías idiosincrásicas.

Los trastornos de personalidad que con más frecuencia se presentan conjuntamente con el trastorno paranoide de la personalidad suelen ser el esquizotípico, el esquizoide, el narcisista, el trastorno por evasión y el límite (bipolaridad).

Hay que tener en cuenta la importancia de que algunos comportamientos en determinados contextos socioculturales o circunstanciales en la vida, pueden ser calificados erróneamente como paranoides. Así, por ejemplo, los inmigrantes, los refugiados políticos o simplemente los sujetos con antecedentes étnicos diferentes pueden mostrarse recelosos o defensivos debido al desconocimiento o a la percepción de desprecio o indiferencia por parte de la sociedad mayoritaria. Así estos comportamientos pueden generar ira contenida y desconfianza, que pueden malinterpretarse como un trastorno paranoide de la personalidad.

Los estudios indican que este transtorno es modestamente heredable, y que los genes relacionados son los mismos relacionados a la herencia genética de transtornos esquizotípicos y esquizoides.

Debido a los niveles de confianza tan reducidos, el tratamiento del transtorno es sumamente desafiante. Sin embargo, si el individuo está suficientemente receptivo (dispuesto a ser tratado), es posible controlarlo por medio de psicoterapia, antidepresivos, antipsicóticos o medicamentos para la ansiedad.

Referencias bibliográficas

La Guarida del Lobo © 2008
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